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Transcripción de un vídeo de O. Ressler,
grabado en Londres, Gran Bretaña, 37 min., 2003
Hoy en día nos enfrentamos a una crisis multidimensional
muy seria. Esta crisis afecta a todas las esferas de
la vida. En otras palabras, es una crisis económica,
una crisis social, una crisis ecológica, e incluso
una crisis cultural. Así que la cuestión
es ¿existe un hilo conductor? Quiero decir, ¿podemos
encontrar una causa común para los diversos aspectos
de la crisis? Y la respuesta, en mi opinión,
es sí. La causa es siempre la concentración
de poderes en varios niveles. Es la concentración
de poder económico, que lleva a la crisis económica,
del poder político, que lleva a la crisis política,
etc., etc. La crisis política es una consecuencia
de las dinámicas de la democracia representativa.
La democracia representativa no es un sistema que haya
estado ahí desde siempre fue creado al
mismo tiempo que el sistema de la economía de
mercado hace 200 años, y sus dinámicas
nos han llevado a la presente situación, en la
que todas las decisiones importantes ya no son tomadas
por los parlamentos, ni siquiera por los partidos en
el poder, sino por los reducidos círculos alrededor
del presidente o el primer ministro . Esto genera
una inmensa enajenación. Por eso hoy en día
ya no tenemos partidos políticos de masas. La
gente no milita en los partidos como lo hacía
en el pasado. Y no sólo eso: hoy en día
mucha gente ni siquiera se molesta en votar. Así
que esto es una muestra de la inmensa crisis política
que atraviesa el sistema de la democracia representativa.
Por tanto, si uno se fija en todos los aspectos de la
presente crisis, verá que la causa última
detrás de ella es la concentración de
poder de una forma u otra. Y es por esto que necesitamos
una democracia inclusiva, porque la democracia inclusiva
es la abolición de esta concentración
de poder a nivel institucional, la abolición
de esta concentración de poder en todas sus formas,
y la creación de condiciones para compartir el
poder de forma equitativa, el poder político,
el poder económico, etc.
Soy Takis Fotopoulos, soy escritor y editor de la revista
internacional "Democracy & Nature", la
revista internacional por la democracia inclusiva, y
he impartido clases de economía en la Universidad
de North London durante más de 20 años.
Me gustaría hablar del proyecto de la democracia
inclusiva, y me gustaría empezar con lo siguiente:
¿Qué es la democracia inclusiva? Creo
que es importante enfatizar que el proyecto de la democracia
inclusiva no es sólo un modelo económico,
sino un proyecto político más amplio,
que pretende rehacer la sociedad a todos los niveles,
al nivel político, al nivel económico,
al nivel social, y, por supuesto, en la esfera ecológica.
El objetivo general del proyecto de la democracia inclusiva
es crear una sociedad en la que la gente se autodetermine,
en la que, en otras palabras, la "demos",
tal y como era el concepto clásico del pueblo,
tenga control sobre la esfera política, la esfera
económica, y la esfera social en general.
Así que el proyecto de democracia inclusiva
es, en cierto sentido, una síntesis de las dos
principales tradiciones históricas, la tradición
socialista y la tradición democrática,
y también de las corrientes que se han desarrollado
en los últimos 30 o 40 años, los nuevos
movimientos sociales, el movimiento feminista, el movimiento
ecologista, los movimientos identitarios de varios tipos,
etc. En otras palabras, el proyecto de democracia inclusiva
es una síntesis de todas estas experiencias históricas,
tanto de la tradición socialista como de la tradición
democrática, y también de todos estos
nuevos movimientos sociales. Y, en cierto sentido, podemos
decir que el proyecto de la democracia inclusiva ni
es una construcción teórica, sino un producto
de todas estas experiencias históricas, ni es
una utopía y no es una utopía porque
ya tenemos a nuestro alrededor tendencias que llevan
a una sociedad que en varios aspectos se asemeja a una
sociedad de democracia inclusiva . En todas partes
hay experimentos en marcha con instituciones alternativas,
y, en los casos de insurrección, como por ejemplo
el reciente caso argentino, hemos visto a la gente organizarse
en asambleas generales e intentar gestionar la vida
económica y política de acuerdo con unos
principios que, al igual que el principio que explicaré
en un momento, son los principios del proyecto de democracia
inclusiva.
Los cuatro componentes de una sociedad democrática
inclusiva son: en primer lugar, la democracia política
o directa; en segundo lugar, la democracia económica;
en tercer lugar, la democracia a nivel social; y en
cuarto lugar, la democracia ecológica.
Así que veamos brevemente qué entendemos
por cada uno de estos conceptos. La democracia política
o directa equivale a la autoridad de la "demos",
del pueblo, sobre la esfera política. En otras
palabras, la democracia política implica que
la gente toma colectivamente decisiones sobre todos
los asuntos políticos, de manera directa, sin
representantes, porque eso que hoy en día llamamos
democracia representativa es una democracia falsa, ya
que no puede haber una representación de mi voluntad,
de la voluntad de nadie; quiero decir que o puedes expresar
tu voluntad de forma directa, o puedes simplemente delegar
ciertos deseos que tengas, pero no puedes tener a otra
persona tomando decisiones por ti. Así que la
democracia política o directa es la clase de
sociedad en la que la gente decide por sí misma,
de manera directa y colectiva, sobre todos los aspectos
importantes de la vida política. Esto quiere
decir que en una democracia directa todos los residentes
en un área particular toman parte en el proceso
democrático. Vamos a asumir que normalmente se
tratará de una comunidad no mayor de treinta
a cincuenta mil personas.
De la misma manera que definimos la democracia política
como la autoridad de la "demos" sobre la esfera
política, podemos definir la democracia económica
como la autoridad de la "demos" sobre la esfera
económica. Esto quiere decir que el cuerpo de
la ciudadanía, esto es, todas las personas mayores
de edad algo que se decide en las asambleas
todas las personas de una cierta edad deciden, toman
decisiones sobre todos los problemas económicos
importantes, y en particular aquéllos que afectan
las necesidades básicas. En una democracia inclusiva
no debería haber propiedad privada de los recursos
de producción, de los medios de producción,
sino que en cambio los recursos de producción
deberían ser propiedad de la "demos",
debería haber una propiedad demótica de
los medios de producción.
El tercer componente de la democracia inclusiva es
la democracia a nivel social; esto es, a un nivel micro-social,
al nivel del lugar de trabajo, el hogar, el centro educativo,
etc. En todos estos lugares debería haber democracia
en el sentido de que debería haber una distribución
equitativa del poder. Por otro lado, no debería
existir una distinción entre trabajadores en
un lugar de trabajo, no debería haberla, debería
haber, en otras palabras, una distribución equitativa
entre hombres y mujeres, entre profesores y alumnos,
etc.
Y, finalmente, tenemos el cuarto componente de la democracia
inclusiva, el componente de la democracia ecológica,
que quiere decir que la democracia inclusiva tiene por
objetivo crear las condiciones subjetivas y objetivas
para que el ser humano se reintegre en la naturaleza,
que la sociedad se reintegre en la naturaleza. Esto
es importante, porque lo que tenemos hoy en día
es una situación en la que la sociedad está
separada de la naturaleza. Vemos la naturaleza como
un instrumento para conseguir ciertos objetivos
el objetivo principal, por supuesto, es el crecimiento
económico y como resultado de ello sufrimos
la crisis que tenemos hoy en día, una crisis
ecológica seria.
Por tanto, después de ver qué es una
democracia inclusiva y por por qué necesitamos
una democracia inclusiva, el siguiente paso importante
es ver cómo una democracia económica,
esto es, cómo funcionará este concepto
básico de democracia inclusiva, qué tipo
de institución podemos imaginar que garantice
la distribución equitativa del poder económico.
Esto es importante, no tanto para prescribir algún
tipo de régimen que debería aparecer en
el futuro esto sería estúpido, porque,
de hecho, serán las asambleas democráticas
del futuro las que decidan sobre la forma que adoptará
su institución . Lo único que podemos
hacer aquí es dar una idea de por qué
es practicable un sistema de esta clase, cómo
podría funcionar, y hacer algunas propuestas
que aplicarían todos los principios básicos
que he mencionado.
Por tanto, el modelo de democracia económica
que voy a explicar en un momento también representa
una síntesis de la misma manera que todo
el proyecto de democracia inclusiva representa una síntesis
representa una síntesis de dos sistemas
que hemos conocido en el pasado, por un lado el sistema
de planificación, y por otro lado el sistema
de mercado que todavía tenemos.
El elemento básico del sistema de planificación,
o, si lo preferís, el objetivo principal del
sistema de planificación, era el garantizar la
satisfacción de las necesidades básicas
de todo el mundo. Por otro lado, el elemento básico
producido o esgrimido como su punto fuerte por los defensores
del sistema de mercado es la libertad de elección.
Aun así, ninguno de los dos sistemas ha funcionado
de acuerdo con sus planteamientos teóricos. Quiero
decir que el sistema de planificación, el sistema
de planificación central en el Este ha creado
algunas condiciones para la satisfacción de las
necesidades básicas de más o menos todo
el mundo, pero esto no significó una democracia
económica, ya que, como dije antes, las decisiones
fueron tomadas por la élite política.
El sistema de mercado tampoco satisface la supuesta
ventaja de la libertad de elección porque es
ridículo hablar de libertad de elección
cuando las necesidades básicas no se están
cubriendo.
Así que la cuestión es cómo podemos
tener un sistema que por un lado garantice la satisfacción
de todas las necesidades básicas de todos sus
ciudadanos, y, por el otro, garantice la libertad de
elección. Para ello, la propuesta de la democracia
inclusiva es combinar el elemento de planificación,
que sería particularmente útil en lo referente
a las necesidades básicas, con el elemento de
mercado no en el sentido de un mercado verdadero
como el actual, sino en el sentido de un mercado artificial,
y voy a explicar esto en un momento.
Como podéis ver en este sencillo diagrama, en
la base de la pirámide podéis leer "los
ciudadanos deciden". Y allí podéis
ver que son los ciudadanos los que deciden sobre la
producción, sobre el consumo, sobre el trabajo.
En otras palabras, todas las decisiones importantes
han sido tomadas por ciudadanos. Esto no es casualidad,
ya que no deberíais olvidar que éste es
un modelo económico no-estatal, en otras palabras,
no presupone un Estado, no tiene moneda de cambio, en
el sentido de que no da por supuesto el dinero tal y
como lo conocemos hoy, y que no es mercantil, en el
sentido de que no hay un mercado real sino un mercado
artificial, y son básicamente los ciudadanos
los que deciden.
Pasemos entonces al lado consumista de la economía.
Aquí podéis ver que los ciudadanos deciden
como consumidores cómo asignar sus ingresos,
que adoptan la forma de vales. O sea, a cambio del trabajo
que ofrecen a la sociedad los ciudadanos reciben vales.
Ahora bien, aquí podemos distinguir entre vales
esenciales y vales no-esenciales. Empecemos por los
vales esenciales de la derecha. Podemos estimar el número
de hombres-hora de trabajo que la gente tiene que ofrecer
a la sociedad, a la comunidad, para que sus necesidades
básicas sean cubiertas. En otras palabras, los
planificadores deciden, en base a las estimaciones sobré
cuáles son las necesidades básicas
y cuáles son las necesidades básicas se
decide democráticamente, no objetivamente, ya
que si uno introduce el elemento de objetividad, podemos
acabar tomando toda clase de decisiones arbitrarias
así que los ciudadanos democráticamente
deciden qué necesidades son básicas y
también el nivel de satisfacción necesario
para que las necesidades básicas, por ejemplo
la comida, o la ropa, o lo que sea, sean cubiertas.
Así que en base a estimaciones sobre el tamaño
de la población y la adjudicación a cada
ciudadano de, por un lado, unas necesidades básicas,
y, por el otro, en base al promedio tecnológico
podemos averiguar cuál es el número total
de horas básicas que deben ser ofrecidas a la
sociedad de, por ejemplo, treinta o cincuenta mil personas
para que sus necesidades básicas sean cubiertas.
Los vales no-esenciales son emitidos a ciudadanos que
quieran trabajar por encima de los requisitos mínimos
necesarios para la satisfacción de las necesidades
básicas. Digamos que los planificadores han estimado
que todo el mundo debe trabajar tres horas al día
para que todas las necesidades básicas sean cubiertas.
Si alguien quiere trabajar más de tres horas,
en la misma línea de trabajo o en otra distinta,
entonces se le premia con vales no-esenciales, que puede
usar para comprar mercancías, bienes de consumo
y servicios que no son de naturaleza esencial.
La pregunta que surge respecto a los vales no-esenciales
es cómo determinar el curso de intercambio, en
otras palabras, los "precios" de intercambio
de trabajo por vales no-esenciales. Para los vales esenciales
no hay problema, ya que todo el mundo tiene que trabajar
unas horas mínimas para cubrir sus necesidades
básicas. Pero con los vales no-esenciales está
el problema de cuál es el derecho a remuneración.
Ahora bien, aquí podríamos considerar
y por esto antes hablé de un mercado artificial
podemos tomar en consideración las condiciones
de oferta y demanda del pasado. En otras palabras, si,
por ejemplo, un móvil es caracterizado como un
bien no-esencial por las asambleas y si, vamos a suponer,
en los últimos seis meses en esta comunidad ha
habido una oferta de, por ejemplo, 100 000 vales no-esenciales
en la compra de móviles, con estos 100 000 vales
la gente podría comprar 1000 móviles porque
ésta ha sido la producción total de móviles,
entonces, si dividimos el número de vales usados
en la compra de móviles por el número
de móviles producidos, obtenemos 100. Así
que el precio de un móvil será de 100
vales no-esenciales. Y, de manera similar, podemos encontrar
el precio de cualquier otro producto no-esencial, en
otras palabras, al tomar en consideración el
volumen de producción durante un período
de tiempo y cuál ha sido la demanda de este tipo
particular de producto o servicio. Por tanto, de esta
manera, empezamos con unas condiciones de oferta y demanda
reales en lugar de y éste es un gran defecto
de la mayoría de los sistemas de planificación
en lugar de previamente preguntar a la gente qué
desean comprar y luego calcular, a través del
sistema de planificación, qué habría
que producir. La desventaja de todos estos tipos de
planificación es que la gente tiene que decidir
con una antelación de seis meses o un año
exactamente qué van a comprar, lo cual, por supuesto,
es algo que restringe seriamente la libertad de elección.
Pasemos ahora al lado productivo de la economía.
Como podéis ver, los ciudadanos deciden los objetivos
de producción, por un lado, en asambleas demóticas,
y en asambleas en sus lugares de trabajo por otro. Ahora
bien, las asambleas demóticas probablemente sean
el más importante cuerpo ejecutivo en la democracia
inclusiva. Es la asamblea de la "demos", la
asamblea del cuerpo de la ciudadanía en un área
particular. La asamblea demótica toma decisiones
sobre todos los aspectos de la vida económica,
política, y social, y especialmente en lo que
concierne a la economía. Toma estas decisiones
en base al plan que ha sido diseñado a un nivel
confederal, que veremos en un momento. La asamblea demótica,
sobre la base de las instrucciones de planificación
confederal, como hemos visto antes, hace una estimación
de cuáles serán las necesidades básicas
de las personas y cuántas horas tiene que trabajar
cada uno. Así que, en base a estas instrucciones,
las asambleas demóticas dan instrucciones a las
distintas asambleas en lugares de trabajo sobre cuáles
son los objetivos laborales esto es, qué
tienen que producir para cubrir las necesidades de la
gente.
Sin embargo, tanto las asambleas demóticas como
las asambleas en los lugares de trabajo se refieren
a un nivel local. Por tanto, tenemos que pensar que
también hay problemas de relevancia regional,
nacional e incluso continental. Por ello también
necesitamos lo que podríamos llamar asambleas
regionales, como podemos ver en el diagrama, que decidan
sobre problemas que no se puedan resolver a nivel local.
Porque, en principio, todas las decisiones importantes
se toman a nivel local, pero hay problemas que no se
pueden resolver a nivel local por ejemplo, el
transporte, la energía, la comunicación.
No puedes resolver esta clase de problemas a nivel local,
así que debería haber una asamblea regional
que consista en delegados de las asambleas demóticas
que no tome decisiones. Esto es importante, la
asamblea regional es un consejo administrativo, no es
un cuerpo ejecutivo. No hay que olvidar que se trata
de delegados, no de representantes, así que se
elige un número de delegados a las asambleas
regionales para aplicar las decisiones de las asambleas
demóticas.
Por último, tenemos las asambleas confederales,
que son el órgano económico de más
alto nivel en la democracia inclusiva. Y esto quiere
decir que una democracia inclusiva no puede funcionar
solamente a nivel local. Si las democracias locales
no están confederadas en una especie de democracia
inclusiva confederal, entonces no tiene sentido ni empezar
a hablar de asignar recursos de manera razonable. De
hecho, yo diría que las tres condiciones para
la democracia económica son las siguientes: en
primer lugar, tal y como comenté antes, la propiedad
demótica de los medios de producción;
en segundo lugar, su autosuficiencia, o sea, cada comunidad
local, cada demos debería ser auto-suficiente,
no en el sentido de una autarquía la autarquía
es imposible hoy en día sino en el sentido
de poder contar con sus propios recursos para cubrir
el mayor número posible de necesidades; y el
tercer principio importante incluido en este modelo
de democracia económica es la asignación
confederal de recursos, la asignación de recursos
tiene lugar a nivel confederal.
En una sociedad libre la cuestión es quién
va a ocuparse de las tareas no-deseadas, y cómo
podemos resolver la oferta y la demanda si, por ejemplo,
la mayoría de la gente prefiere realizar trabajos
verdaderamente agradables, en lugar del resto de trabajos.
Ahora bien, una solución que se ha sugerido
ha sido la de los complejos profesionales, que quiere
decir que la gente puede realizar una variedad de actividades.
En otras palabras, podemos extender el sentido del trabajo
o del tipo de trabajo para incluir muchas tareas, tantas
como sea posible. Por ejemplo, si trabajas en una oficina,
puedes hacer mecanografía, pero a la vez puedes
involucrarte en otros tipos de actividad más
interesantes, y también en el proceso de toma
de decisiones, etc. Así que, en este sentido,
la idea de los complejos profesionales sí resuelve
el problema de cómo elegir trabajos en cierto
tipo de actividades.
Pero esto tampoco es una panacea, quiero decir, podemos
pensar en tipos de actividad en los que la idea de complejos
profesionales puede no funcionar, sobre todo si uno
necesita un alto grado de formación y habilidades
técnicas para un trabajo particular. A mí
no se me ocurre cómo podría ser un complejo
profesional para un cirujano, por ejemplo, o para un
piloto. No podría imaginarme a un cirujano haciendo
limpieza y ayudando a la enfermera a poner inyecciones
porque esto sería malgastar su tiempo y el de
la sociedad, que es mucho más importante. Así
que debería haber alguna forma de expresar los
deseos de la gente en lo referente al tipo de trabajo
que eligen.
En lo que concierne a los tipos de trabajo no-esenciales,
hay un sistema propuesto por la democracia inclusiva
que debería resolver el problema. Pero en lo
referente a los trabajos esenciales creo que la única
solución es que la respuesta a esta grave desincronización
entre oferta y demanda sea la rotación, esto
es, que la gente se turne realizando una serie de actividades,
así que si vas a realizar algún trabajo
duro como construcción o minería, puedes
tener un sistema de turnos ésta es una
manera . Otra manera podría ser premiar
a la gente que realiza trabajos con poca demanda con
vales no-esenciales por encima de los vales esenciales
que les corresponden.
Si subimos por el diagrama, podemos ver en el lado
izquierdo el índice de deseabilidad, y en el
lado contrario tenemos los precios de los productos
y servicios no-esenciales. Estos son los dos elementos
que determinan la tasa de remuneración del trabajo
no-esencial. El índice de deseabilidad es un
índice complejo que presenta los deseos de la
gente en referencia de diversos tipos de trabajo. Veamos
primero el índice de deseabilidad: podemos diseñarlo
como una función inversa de la deseabilidad en
el sentido de que cuanto más apetecible sea un
trabajo, será peor remunerado, así que
en este caso podemos tener, por un lado, la satisfacción
de los deseos de la gente, y por el otro la satisfacción
de las necesidades de la sociedad, en el sentido de
que el trabajo no-deseado deberá ser mejor remunerado
por ejemplo, un constructor o un minero quizás
deberían ser mejor remunerados que un profesor
de universidad, porque el profesor de universidad recibe
una mayor satisfacción de su trabajo que un minero
o un constructor . Además, y esto es muy
importante, aquí tenemos un mecanismo de ajuste,
ya que si, por ejemplo, no hay una oferta de trabajo
esencial en un tipo particular de actividad, si, por
ejemplo, no hubiera mucha gente que quisiera realizar
un trabajo extra en la producción de móviles,
esto se reflejaría en el precio de los móviles,
el precio de los móviles se incrementaría
en la medida en la que la producción de móviles
decreciera. Por tanto, en la medida en la que crezca
el precio de los móviles crece, crecerá
la tasa de remuneración, y esto atraerá
a más trabajadores hacia la producción
de móviles.
Así que, en pocas palabras, así es como
funciona este modelo de democracia económica.
Pero, tal y como dije desde el principio, esto es sólo
una propuesta, que sirve para demostrar que sí
es posible tener otro tipo de sociedad, que cubra las
necesidades básicas de todos los ciudadanos y
que al mismo tiempo cumpla las exigencias de la libertad
de elección. Y, por supuesto, dependerá
de las asambleas generales del futuro decidir exactamente
qué forma adoptara su sociedad.
Finalmente, la cuestión crucial que tenemos
que tomar en consideración es cómo avanzar
hacia la democracia inclusiva, quiero decir, cómo
visualizar una estrategia de transición hacia
esta clase de sociedad. Creo que el principio básico
que debería guiar nuestros pasos es que los medios
deben ser consistentes con los fines. Por tanto, necesitamos
un nuevo tipo de organización política
que debería garantizar la satisfacción
de las exigencias básicas de la democracia directa.
Esto descarta cualquier tipo de vanguardia o partido
político jerarquizado, etc. Lo que necesitamos,
en cambio, es un nuevo movimiento, un nuevo tipo de
movimiento de masas que se basaría en organizaciones
(más o menos) autónomas que se confederarían,
por supuesto, y que empezarían a construir la
instituciones de la democracia inclusiva en sus áreas
respectivas.
En otras palabras, tal y como yo veo la transición
hacia la democracia inclusiva, ésta emplearía
dos tipos de táctica, o, si lo prefieren, estrategia:
por un lado, la estrategia defensiva habitual de la
izquierda, que consiste en tomar parte en las luchas
de la clase obrera, de la gente en general contra los
ataques de la globalización neoliberal. Pero,
tal y como yo lo veo, ésta es sólo una
parte de la lucha. La otra parte, que es igual de importante,
si no más importante todavía, de la lucha
es la parte positiva, es la que implica la construcción
de instituciones alternativas dentro de la sociedad
actual.
De hecho, este proceso ya ha comenzado, quiero decir,
pueden ver en todas partes cómo diversos grupos
organizan cooperativas, comunas, etc., los esquemas
de alianza en los países anglosajones, según
las cuales la gente, y sobre todo la gente sin empleo,
evitan el uso del dinero y relacionan sus servicios
directamente con otros servicios así que
hay toda clase de esquemas similares en funcionamiento
en estos momentos . El problema es que todos estos
esquemas no forman parte de un programa riguroso de
cambio político.
Para ello, yo no dudaría incluso si estos grupos,
estos equipos de personas que ya han empezado a instaurar
estas instituciones alternativas, tomaran parte de las
elecciones municipales. En otras palabras, si ellos
se presentan a las elecciones municipales, como parte
de un programa de democracia inclusiva, o como parte
de un programa democrático completo y esto
presupone que éste ya se ha convertido en un
fenómeno de masas, en tanto que el movimiento
ya tiene un importante atractivo para la gente
que si ellos ganaran las elecciones municipales, tendrían
una oportunidad perfecta de aplicar, de poner en funcionamiento
los principios de la democracia inclusiva a nivel municipal.
En otras palabras, se harían con el poder local
para, por así decirlo, abolirlo al día
siguiente, en el sentido de que, en cuanto se hayan
hecho con el poder local, a partir del día siguiente,
empezarían a organizar a la gente en asambleas
vecinales que ocuparían el lugar del consejo
municipal de siempre, etc.
La importancia de esta estrategia de transición
del proyecto de democracia inclusiva está en
que la nueva sociedad no se implantará en absoluto
a no ser que la mayoría de la población
esté ya a favor del proyecto, en otras palabras,
a no ser que ya hayan adoptado, al usar en la práctica
las instituciones alternativas y adquirir conciencia
democrática, si la mayoría ya hayan sido
integrados en la nueva sociedad de esta clase, esta
sociedad no se llegará a realizar.
Cuando llegue el momento en el que el poder desde abajo,
este poder que se ha iniciado desde abajo, sea más
fuerte que el poder de las autoridades normales, en
otras palabras, los capitalistas, el Estado, etc., entonces,
después de un período de tensión
entre el Estado y la élite capitalista por un
lado y la gente, autogestionada de una u otra manera,
por el otro, entonces podremos esperar tener una transición
que puede o no ser violenta . Quiero decir,
será violenta, por supuesto, si las élites,
como es muy probable, ataquen esta clase de experimentos
echando mano de diversas formas de fuerza y la
fuerza no tiene por qué ser física, a
veces bastaría con la fuerza económica
. Pero podría no ser violenta, quiero decir,
todo depende, por supuesto, de la balanza de poder en
el momento de la transición.
Traducción: MediaLabMadrid, Centro Cultural
Conde Duque, Madrid
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