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Transcripción de un vídeo de O. Ressler,
grabado en Cape Cod, EEUU, 24 min., 2003
Mi nombre es Marge Piercy, y soy poeta. Tengo publicados
dieciséis libros de poesía, y soy una
de las poetas más citadas y con presencia en
más antologías en EE. UU. También
he escrito quince novelas publicadas. La decimosexta
saldrá en noviembre, bajo el título de
"El tercer niño". Entre mis novelas
más conocidas está "Alistados",
sobre la Segunda Guerra Mundial, "Vidas entrelazadas",
sobre crecer en Detroit, "La mujer al borde del
tiempo", y "Él, ella, y ello",
que son algunas de mis novelas especulativas, que supongo
que es lo que estamos tratando hoy.
Isaac Asimov dice que toda ciencia-ficción,
o toda ficción especulativa, responde o trata
cuestiones del tipo de "¿y si...?",
"si hubiera...", y "como esto siga así...".
Básicamente, la mayor parte de "La mujer
al borde del tiempo" es un libro del tipo "si
hubiera...". El género de novela utópica,
al que "La mujer al borde del tiempo" en gran
medida pertenece, es un género antiguo, que se
remonta a la "República" de Platón.
La mayoría de las novelas utópicas han
sido escritas por hombres, y a menudo describen sociedades
muy racionales, en las que todo se plantea y planifica
en grado extremo, a menudo de una manera muy jerarquizada,
normalmente con el grupo social al que pertenece el
autor en la cumbre de la pirámide, al margen
de dónde esté situado en realidad este
grupo social, y todos los demás están
bien ordenados por debajo de ellos. Las mujeres llevan
escribiendo novelas utópicas cien, quizá
ciento-diez años. Exceptuando quizás la
"Herland" de Charlotte Perkins Gilmans, que
era un poco jerárquica, pero no como las que
he mencionado antes, y no contiene nada de sexo. La
mayoría de las novela utópicas escritas
por mujeres son muy diferentes. Tienden hacia sociedades
mucho más caóticas y anárquicas.
Se suelen preocupar mucho con que el trabajo diario
en estas sociedades debería aportar tanto prestigio
como las ocupaciones prestigiosas de la actualidad.
En otras palabras, que el ayudar a educar niños,
a curar a los enfermos, ayudar en el parto, ayudar a
morir en paz, ayudar a socializar a las personas, ayudar
a la gente a negociar, debería ser tan prestigioso
como lo es en nuestra sociedad el quitarle el dinero
a la gente, o el manipular el mercado de valores, o
todas estas otras cosas que nuestra sociedad parece
premiar tanto. El apoderarse de empresas y arruinarlas,
esta clase de cosas. Básicamente, las utopías
de las mujeres se preocupan mucho con superar la soledad,
porque, ¿qué es la utopía? La utopía
es aquello que no tienes. Son las fantasías sobre
lo que nos falta y lo que le falta a la sociedad. Así
que, si creas una utopía en la que todo el mundo
se preocupa por criar a sus hijos, todo el mundo comparte
el peso de la vida diaria, todo el mundo se preocupa
por hacer el trabajo necesario y casi invisible de la
sociedad, entonces, ¿sabes?, probablemente haya
sido creado por alguien que vive en una sociedad en
la que las mujeres están encerradas a solas en
pequeñas casas y pisos con sus niños,
volviéndose locas en silencio, sintiendo cómo
todo el peso cae sobre ellas. Hagan lo que hagan, está
mal. Hagan lo que hagan, dentro de quince años
algún concejal les dirá que es culpa suya.
En la mayoría de las utopías feministas
como "La mujer al borde del tiempo" el sexo
también es mucho más relajado, no es nunca
un producto de la coacción, se suele tratar de
una sociedad en la que la gente no vive en pareja como
vivimos hoy en día. La monogamia en serie no
existe, creo, en ninguna de las utopías creadas
por mujeres, la gente suele vivir en grupos de afinidad
más grandes, en los que pueden resolver su soledad
y su falta de comunión, de comunicación
y de comunidad que sufren tantas mujeres. El sexo existe
como tema, y algunas utopías lo describen como
algo romántico, mientras que otras lo presentan
como algo mucho más promiscuo, más fácil,
pero casi siempre sobrepasa los límites de lo
que nuestra sociedad considera una actividad heterosexual
apropiada. Estas utopías también se preocupan
mucho de la seguridad en el día a día.
En una de las novelas de Joanna Russ, "El hombre
femenino", dice que en la sociedad del futuro que
ella imagina una mujer caminaría desnuda por
la línea del ecuador llevando una gran esmeralda,
y nadie la molestaría ni mostraría interés
alguno por ella.
Habitualmente, nos encontramos con sociedades bastante
desclasadas. Los problemas de la opulencia han sido
resueltos. Nadie parece interesado en forrarse, pero
tampoco hay pobreza. Las cosas están bien repartidas.
Esto es característico de todas las utopías
creadas por mujeres. En los setenta hubo una gran oleada
de utopías feministas. En los últimos
años, con las mujeres bajo tanto ataque y esforzándose
por mantener los avances que hemos conseguido, no ha
habido suficiente energía para crear utopías.
Ahora bien, cuando me enfrenté a "Él,
ella y ello", no se trataba una novela de tipo
"si hubiera", no es una novela utópica,
es más del tipo de "como esto siga así...".
Es una novela en la que muchas de las cosas que ocurren
hoy en día han llegado a un estado de podredumbre,
en la que la capa de ozono ha desaparecido, así
que no puedes salir a la calle sin protección,
en la que las zonas agrícolas del mundo han sido
inundadas por los océanos o se han convertido
en desiertos, en la que ha habido desastres terribles.
En la novela, las grandes corporaciones internacionales
son la principal forma de control y gobierno. Las elecciones
políticas son como un deporte o un juego de azar,
todas las decisiones importantes son tomadas por las
corporaciones multinacionales. Realmente, ya no quedan
naciones-estado. Están las grandes corporaciones,
en las que los altos ejecutivos, el management y los
equipos técnicos viven bajo cúpulas y
entorno protegidos, y la mayoría de la población
vive en lo que llaman "el glop", la megalópolis,
que en Estados Unidos abarca desde Boston hasta lo que
es hoy en día Atlanta. Está densamente
poblada, extremadamente contaminada, y sobrevive a base
de basura reciclada. Hay algunas ciudades libres en
los márgenes de las corporaciones, y parte de
"Él, ella, y ello" transcurre en una
de estas ciudades libres, llamada Tikva.
Tikva es una ciudad anárquica, es un oasis verde
en mitad de un desierto artificial. Como la mayoría
de los lugares imaginados por mujeres, es muy animada,
todo se discute y argumenta, todo en la forma de tomar
las decisiones es abierto. Hay muchas plantas. El hogar
en la que mi personaje Shira ha crecido es una familia
matriarcal. Fue educada por su abuela. Cree que su madre
es una especie de burócrata frustrada de mediana
edad, y a lo largo de la novela descubre que su madre
realmente había sido una pirata informática
y que ahora es una mujer dedicada a robar información
de las grandes corporaciones multinacionales y soltarla
en "el glop". Coge información y la
libera y la hace disponible, una propuesta muy peligrosa,
por la que la pueden matar en cualquier momento.
En "La mujer al borde del tiempo", mi viajero
en el tiempo no es un hombre blanco. Es una mujer chicana
que ha tenido una vida muy dura, pero que es lo que
se dice una "perseguidora", una mujer con
una mente inusualmente abierta y receptiva. Y es una
persona que visita el futuro, muchas veces como una
escapatoria de un presente agonizante. La primera vez
que Connie viaja al futuro se queda muy decepcionada.
Su imagen del futuro es muy mecanizada, y cuando llega
a un lugar en el futuro, que es en realidad la ciudad
de Massachusetts, es un pueblo. A primera vista, le
parece realmente primitivo, los habitantes son todos
campesinos, cabras y gallinas que corren de un lado
para otro, etc. A medida que va conociendo más
el lugar, se da cuenta de que la mayor parte del trabajo
repetitivo está mecanizado. La industria está
mecanizada, pero no la agricultura. La agricultura y
la vida social no están mecanizadas en absoluto.
No soy una escritora a la que le dé miedo la
tecnología en sí, la tecnología
no me asusta en absoluto. No me imagino viviendo sin
tecnología.
"La mujer al borde del tiempo" fue un intento
de concretar muchas de las ideas que más me gustaban
de los movimientos sociales de entonces: el movimiento
feminista, la nueva izquierda, el movimiento nativo-americano,
etc. Se trataba de dar vida y realidad a esas ideas,
de darles brillo. "La mujer al borde del tiempo"
tiene una estructura en la que todas las personas enmarcadas
en el presente de la novela, tienen personajes correspondientes
en el futuro. Los personajes correspondientes son distintos
de ellos, porque intenté imaginar cómo
serían unas personas que no hayan crecido en
una sociedad sexista, racista, competitiva e imperialista.
¿En qué se diferenciarían estos
personajes? Así que éste es, de alguna
manera, el juego de reflejo de personajes del presente
en el futuro de la novela.
Básicamente, los personajes en "La mujer
al borde del tiempo" eligen su oficio. Hay muchas
labores necesarias que todo el mundo comparte. Casi
todo el mundo toma parte en la educación de los
niños como una de sus tres co-madres, pero esto
no es obligatorio. El trabajo sucio sí es obligatorio.
Todo el mundo tiene que realizar algún tipo de
labor física, todo el mundo tiene que trabajar
en aquello que sostiene la sociedad, todo el mundo participa
en el gobierno por sorteo. En general, siempre he pensado
que elegir por sorteo no es una manera tan mala de hacer
las cosas, pero nunca he conseguido convencer a otras
personas de ello. Cuando formé parte de un par
de jurados para la adjudicación de becas para
producción artística, dije que la manera
más justa de eliminar nuestros propios prejuicios
era leerlo todo, eliminar la mitad menos interesante
de las propuestas, y luego decidirlo por sorteo. Así
no serían las mismas personas las que reciban
las becas sólo porque parezca la decisión
menos arriesgada. En general, el Gobierno está
a la venta, si tienes suficiente dinero, puedes comprarte
un cargo político o un escaño en el Senado,
o lo que sea. Simplemente sobrecargas los medios. Allí,
el gobierno es elegido por sorteo, y todo el mundo desempeña
esta labor durante un año, cuando se les llama.
Hay muchas cosas que la gente elige hacer, y otras se
eligen por sorteo. Los distintos papeles sociales se
turnan, algunos son elegidos por las personas, otras
por gente que debe contribuir, y otros son repartidos
por sorteo. La justicia es muy importante para mí,
y me pareció una manera justa de gobernar un
lugar.
Unos años antes de escribir "La mujer al
borde del tiempo", me chocó mucho un libro
sobre los indios Pony, titulado "El último
mundo", escrito por un antropólogo, que
entrevistó a todos los supervivientes de la tribu
después de su desarraigo. Y una de las cosas
que aprendí de ese libro fue que mientras los
Pony eran lo que llamaríamos primitivos tecnológicamente,
socialmente eran mucho más sofisticados que nosotros.
Tenían formas de resolver los problemas sociales
que eran mucho más sofisticados. Por ejemplo,
digamos que una se siente sola y olvidada, como le pasa
a menudo a la gente. Bueno, pues deberías tener
un sueño, sería hora de que hicieras una
ceremonia particular, y dirías, "Me toca
hacer esta ceremonia, la he soñado, debe ser
así." Entonces, durante tres días,
deberías ser la persona más importante
del poblado. De manera similar, las mujeres que trabajaban
en el campo, al volver de sembrar los campos, estaban
cubiertas de suciedad, sentían frío, era
primavera, y el trabajo era duro - todos los hombres
mayores del poblado debían subirse a los tejados
de las casas y cantar para ellas, y darles la bienvenida.
De manera similar, si alguien me robara algo, entonces
yo debería darle otro objeto como regalo, ya
que uno sólo roba si siente que no posee suficientes
cosas, y así esta persona llegaría a sentirse
saciada. Así que eran muy sofisticados a nivel
social, su objetivo permanente era re-socializar a las
personas, ser buenos unos con otros. Y me chocó
como una sociedad extremadamente sofisticada en este
sentido, me impresionó mucho y pensé mucho
en esto antes de escribir "La mujer al borde del
tiempo".
En ambas novelas hay mucho énfasis en la educación
de los niños, en que los niños crezcan
y se eduquen juntos por la comunidad, compartiendo la
responsabilidad por los niños. Creo que esto
es bastante común en las novelas utópicas
escritas por mujeres, incluso las que son como "Él,
ella y ello", que no es en absoluto utópica
pero incluye una bastante agradable sub-sociedad. En
general, creo a los niños se les da mucha libertad,
libertad para aprender, libertad para experimentar cosas.
Veo la diferencia entre mi propia infancia, en la que
podía ir a mi aire, y la situación actual,
en la que los niños son arrastrados de una actividad
a otra, habitualmente por sus madre, a veces por sus
padres. Los niños van de jugar al fútbol
a clases de idiomas, a tutorías, y del coro a
Dios sabe dónde, y así hasta el infinito.
Yo vivo en un pueblo, y aun así aquí los
niños tienen mucha mayor libertad que la que
tienen en los suburbios, donde parece que no tienen
ninguna. No creo que fuera malo para mi poder ir a mi
aire cuando era pequeña. Por supuesto que me
metía en líos, pero también aprendí
a salir de ellos. La vida que lleva mayoría de
los niños hoy en día es muy circunscrita
e imaginaria. Sus imaginación están programadas
por los medios, tienen muy poco espacio para explorar,
excepto en la Red, que es la razón por la que
navegan tanto por Internet. Éste es el único
lugar donde parece que tienen algo de autonomía
y la capacidad de explorar. Pero en ambos libros me
he preocupado de la educación y socialización
de los niños. En "Él, ella y ello"
es sobre todo la comunidad la que más trata este
tema, no la tan jerarquizada educación que tiene
lugar en las corporaciones multinacionales. En "La
mujer al borde del tiempo" se habla más
del proceso educativo. Los niños pasan muy poco
tiempo en la enseñanza formal o haciendo exámenes.
Pasan mucho tiempo con los mayores. En "La mujer
al borde del tiempo" todos los niños tienen
tres madres, que pueden ser de cualquier sexo. Las tres
tienen la misma responsabilidad sobre ellos hasta que
lleguen a la edad de doce o trece años, cuando
deciden que están preparados para ser adolescentes.
Y, cuando lo hacen, pasan por un proceso iniciático,
y a sus co-madres no se les permite ni hablarles durante
tres meses. En cambio, tienen a otros mayores que respondan
a sus preguntas, que les den consejo, pero que no tienen
la misma autoridad sobre ellos ni el mismo nivel de
intimidad que tenían sus co-madres. Es un proceso
de liberación que intenta cortocircuitar la agonía
de la adolescencia que experimentamos en esta sociedad
en la que todos los niños odian a sus padres
y en un momento dado quieren asesinar a sus padres de
pura frustración y rabia.
La razón por la que mucha gente escribe ficción
especulativa es en parte porque si no puedes imaginar
las cosas de otra manera, todo lo que puedes exigir
es más de lo mismo, más McDonald's, más
todo-terrenos, más carreteras, más centros
comerciales - esto es todo lo que puedes exigir porque
es todo lo que puedes imaginar, más de lo mismo,
más grande, más -. Parte de la razón
por la que la gente escribe ficción especulativa
es para sugerir que puede haber alternativas. La imaginación
es una herramienta de liberación muy poderosa.
Si no puedes imaginar otra cosa, no puedes trabajar
para alcanzarla.
Traducción: MediaLabMadrid, Centro Cultural
Conde Duque, Madrid
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