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Christoph Spehr 2003
Cooperación libre
 

Transcripción de un vídeo de O. Ressler,
grabado en Bremen, Alemania, 32 min., 2003


La utopía política no sería algo obsoleto en los tiempos modernos o posmodernos, no es algo que pudiera ser descartado hoy en día, pero, por supuesto, hay ciertas cosas, ciertos aspectos que tienen que ser distintos. La utopía política, el pensamiento utópico de hoy en día tiene que diferir de la mayoría de las cosas que conocemos como utopías políticas. En mi opinión, en primer lugar debería ser algo no-prescriptivo. Gran parte del pensamiento utópico es prescriptivo, en el sentido de que dicta a la gente lo que deben hacer. La idea detrás de esto es que si se establecieran las reglas adecuadas, entonces la sociedad se desarrollaría bien. Pero estas reglas deben ser respetadas, por supuesto, es como una jaula construida por el autor de la utopía, y luego puedes meter a la gente dentro, y ellos pueden seguir las reglas, y entonces todo funcionará bien. Y eso, creo, es algo inaceptable hoy en día, y que nunca puede ser una utopía libre. Así que tienes que construir tu utopía partiendo del hecho de que la gente hace lo que quiere, no puedes imponer tus ideas sobre cuál es la concienciación correcta, sobre lo que está bien o está mal, no puedes descartar ciertos deseos o acciones como algo maligno, esto es lo que tienes que hacer. Creo que esto es muy importante.

Creo que también es necesario que el pensamiento utópico no sea elitista, en el sentido de que haya una élite que tenga la concienciación correcta, el conocimiento correcto, un grupo de gente que tome decisiones, de pensadores científicos que puedan definir por otros de qué se trata en realidad, sino que tienes que construir la utopía sobre la base de una comunidad igualitaria, donde no importe qué ha leído la gente y con qué teorías se han familiarizado. Sí, tiene que funcionar con gente distinta y ellos deben tener la posibilidad de participar sobre una base equitativa. No deben ser excluidos, el acceso a esta utopía no debe ser restringido por el criterio de de dónde viene la gente, de dónde viene una persona.

También creo que hoy en día las utopías políticas ya no pueden seguir siendo jerárquicas. Con esto no quiero enfatizar la cuestión de la jerarquía y la organización, sino la cuestión de la jerarquía de las cosas importantes y de las cosas menos importantes, de los campos sociales que se consideran importantes y otros que no se consideran tan importantes ­ algo típico de las utopías clásicas ­. De hecho, hay una gran parte del pensamiento utópico que dice: el asunto principal es lo que llamamos la economía, lo que hacen los grandes negocios, así es cómo se hacen las herramientas, y otros aspectos como educar niños o realizar un trabajo creativo, actuar conjuntamente de una manera modesta y correcta son cosas de menor importancia y tienen que obedecer las reglas de aquéllas. Y creo que esto es ilegítimo ­ porque siempre se combina con una jerarquía entre gente distinta que hace cosas distintas en estas sociedades utópicas ­ y es un claro caso de desigualdad. Así que se podría decir que uno tiene que devolver la utopía a la cocina, y tiene que hacerla funcionar allí, y las reglas de la cocina deben ser las mismas que las de las grandes corporaciones ­ y no viceversa ­ . Todo lo que la gente hace conjuntamente es una especie de cooperación porque comparten el trabajo y hacen uso del trabajo y de la experiencia y de la existencia física de otros ­ y esto ocurre también a nivel histórico, de manera directa e indirecta ­ . Y a pesar de que haya dos polos opuestos, las cooperaciones libres y las cooperaciones forzosas, la mayor parte de las que conocemos en la mayoría de las sociedades son cooperaciones forzosas.

Hay tres aspectos a tener en cuenta si uno quiere construir una cooperación libre. El primero es que todas las reglas de esta cooperación pueden ser cuestionadas por todo el mundo, no hay reglas sagradas que la gente no pueda cuestionar o recharazar o sobre las que no pueda regatear o negociar ­ lo que no es el caso en la mayoría de las cooperaciones y formas de organización que conocemos.

Y el segundo aspecto que debe ser garantizado para la cooperación libre es que la gente pueda cuestionar y cambiar estas reglas utilizando la fuerza material primaria de negarse a cooperar, restringiendo su cooperación, reteniendo aquello con lo que contribuyen a estas cooperaciones, anteponiendo condiciones bajo las que estarían dispuestos a cooperar, o abandonando las cooperaciones. Deben tener garantizado su derecho a usar estas medidas para influenciar las reglas y que todo el mundo en la cooperación pueda hacerlo.

Y el tercer aspecto ­ que es importante ya que sin él estaríamos ante una simple extorsión de los menos poderosos por parte de los más poderosos ­ es que el precio por no cooperar, el precio de restringir la cooperación de uno mismo, o el precio a pagar en caso de que la cooperación se desintegre, no debería ser el mismo, pero sí similar para todos los participantes en la cooperación, y debería ser un precio razonable. Esto es, que se pueda hacer, que no sea imposible, que cooperar de esta manera no sea una cuestión de vida o muerte.

Por tanto, si estas tres condiciones están garantizadas, la cooperación es libre, o puede serlo, ya que todo el mundo puede cuestionar o cambiar las reglas, puede negociar las reglas usando su poder de restringir su colaboración con la cooperación, o abandonar la cooperación y buscar otras maneras de colaborar con otra gente y otros grupos. Y la idea es que este tercer aspecto, el precio, que no tiene por qué ser necesariamente dinero, el precio de deshacer o restringir la cooperación ­ hacer este precio igual y accesible para todos los participantes, he aquí la tarea fundamental de la política de izquierdas, ésta es la verdadera tarea fundamental, esto es lo que hace la política de izquierdas, ajustar las reglas de una manera que la gente tenga el mismo poder a la hora de afectar las reglas, ya que el precio a pagar en caso de desintegración o de restricción de su implicación es el mismo para todos.

Un buen ejemplo de cooperación libre es la manera en la que actuaron las mujeres de los Zapatistas cuando empezó el movimiento y se tomó la decisión sobre cómo y cuándo combatir al Gobierno de México, y en qué momento era necesario recurrir incluso a la lucha armada. Porque, según ciertos testigos, hubo una asamblea de las mujeres que participaron en el movimiento y ellas dejaron claro que había ciertas condiciones a su participación en la lucha, y que querían ver cumplidas: cuestiones de representación en el movimiento, de reconocimiento de los derechos de las mujeres en el movimiento. Si estas condiciones se cumplían, entonces iban a participar, si no, su única respuesta sería un "no". Y creo que este es un buen ejemplo, ya que esto es algo que salió mal en muchos movimientos de liberación nacional y colonial que conocemos, porque allí la única cuestión importante era la forma ­ ahora uno tiene que combatir un sistema colonial, todo el mundo debe unirse a esta lucha, y el resto de cuestiones se dejan para más tarde ­ lo cual, por supuesto, no funciona, porque al principio la cuestión clave es entrar en ciertas negociaciones básicas. Y ellas usaron su poder, quiero decir, usaron la posibilidad de negarse a participar en el movimiento, plantearon unas condiciones para su cooperación y lo hicieron de una manera basada en su poder como grupo. Ellas no tenían ninguna necesidad de infiltrar la base formal de la toma de decisiones del movimiento zapatista, estas cosas funcionan independientemente de cómo están organizadas estas estructuras. Se unieron como grupo y dijeron: "Participaremos "sólo si", ­ o "sí, pero a cambio de" ­ o "si no, no." Y esto también es muy típico porque no es necesario que todo el mundo entienda sus motivos o sus razonamientos, no es necesario que lo expliquen todo. Es sólo una negociación que tiene lugar y una decisión que se puede tomar. Y creo que esto es muy importante para la cooperación libre, y su fuerza primaria, porque estamos muy cerca del punto en el que esta fuerza se pierde en la mayoría de los sistemas de representación formal, de toma de decisiones formal ­ se desechan demasiadas cosas por no cuadrar bien en un sistema ­ . Pero en este ejemplo esta fuerza se usó de verdad.

Si intentamos acercarnos más al concepto de cooperación libre, si preguntamos qué tipo de prácticas políticas se derivan de este concepto, creo que es necesario presentar una visión general de qué clase de herramientas se usan en las cooperaciones forzosas, qué niveles de fuerza existen en la sociedad y qué se necesita para cada grupo que quiera liberarse y combatir contra esto. Si lo hiciéramos, también veríamos que los distintos movimientos sociales se han centrado o enfocado sobre distintos aspectos de la cooperación forzosa, lo cual explica las contradicciones que existen entre ellos. No todas estas contradicciones son necesarias; muchas se pueden explicar por los diferentes contextos históricos y situaciones.

Creo que, por una parte, resulta útil aclarar que la fuerza se ejerce a varios niveles, digamos que a cinco niveles diferentes que abarcan desde la fuerza directa, o, si lo preferís, la fuerza bruta, pasando por varias formas de fuerza económica, que emplea la dependencia, los distintos sistemas de control, hasta formas de fuerza más genuinamente sociales como la discriminación, para las que sólo es necesaria una cierta forma de comportamiento en un grupo, sin llegar a nada más drástico.

También existe un nivel que está relacionado con el control de lo público, el control de quién puede hablar y a quién se escucha en la sociedad, y hay un nivel que tiene que ver con formas de dependencia en general ya que cuanto más dependes de una cooperación, menos libre eres a la hora de actuar contra ella. Estas son formas de fuerza diferentes, y, por otro lado, puedes establecer una especie de matriz a partir de ellas. Hay ciertos pasos que todo individuo o todo grupo que quiera liberarse debe dar. En primer lugar, debes desmantelar los instrumentos de dominación, debes abandonar la idea de utilizarlos para cosas mejores. ¿Tomar las ciudadelas y luego buscar una política mejor? No, debes destruir estos instrumentos de fuerza, debes encontrar formas alternativas de cooperación y negociación, reglas sociales alternativas que... Uso el término de política de la relación porque se usa en las discusiones de las feministas italianas. También podrías decir que tienes que encontrar formas alternativas de relacionarte socialmente, debes desarrollar otras aptitudes sociales, que no tenemos o que perdemos en nuestros sistemas sociales porque no se nos educa en cómo negociar con los demás. También tienes que desarrollar formas de independizarte y nuevas formas de articulación, articulación crítica, de reclamar el espacio social. Así que, si haces esto, tendrás una especie de matriz y verás que el concepto de la política de la libre cooperación no es algo que alguien se haya inventado sobre el papel, es algo que se deriva de lo que han estado haciendo los movimientos sociales durante los siglos XX y XXI.

Es muy importante que el concepto de la cooperación libre no dicte formas especiales de estructurar las sociedades o cualquier otro nivel de lo social. Es sólo una forma de tomar decisiones y puede incluir, siempre incluirá el establecimiento de reglas que hace posible el que grupos y personas tomen decisiones que no hayan sido tomadas por todos los miembros de un grupo. También hace posible que los grupos digan: "Aquí queremos una forma especial de regla, que nos hace falta en este momento, que a largo plazo podría no ser la idea definitiva, pero la podemos establecer con tal de que exista una garantía de que pueda ser revocada." Creo que esto es importante, ya que hace posible que los grupos y movimientos sociales aprendan, experimenten, y ajusten sus formas a los problemas a los que se enfrentan.

Tendemos a ser muy críticos con otras comunidades al señalar aspectos que, por lo visto, van en detrimento de la noción de libertad e igualdad. Decimos que en la lucha de tal o cual movimiento de liberación hay una especie de jerarquía militar, pero creo que ésa no es la cuestión. La cuestión es: ¿Pueden estos grupos revocar esta decisión? ¿Es una decisión que los participantes han tomado de verdad, bajo condiciones de igualdad y en ejercicio de su derecho a la libre opinión, porque ha sido necesaria para esta lucha, o, en cambio, se ha llegado a un punto en que ya no se puede parar, donde ya no puede ser revocada porque hay nuevas desigualdades que lo impiden? Esto, por supuesto, es lo que ocurre en la mayoría de los casos, pero ésa es otra cuestión. Creo que es posible cuestionar de esta manera lo que hacen las otras comunidades, pero esto no quiere decir que yo pueda hablar en su nombre y decidir qué es lo que deben hacer. Pero puedo señalar problemas y cómo me parece que se desarrollan las cosas, y puedo señalar situaciones en las que realmente ya no queda ninguna posibilidad de una toma de decisiones y una cooperación libre e igualitaria.

Una pregunta interesante que se hace a menudo es la siguiente: ¿Qué significa la cooperación libre como una especie de concepto económico? ¿Es posible dirigir una cooperación empresarial como una cooperación libre, qué implica esto, cómo sería? ¿No será imposible porque las empresas no pueden disolverse si la gente que trabaja en ellas no se pone de acuerdo sobre el rumbo a tomar en la empresa? ¿Y no introduce esto un elemento de inestabilidad en todo el sistema, no deberíamos descartarlo, acaso la cooperación libre no se basa en la condición de que todo el mundo esté bien alimentado y tenga un nivel de vida decente? Esto queda garantizado por el proceso económico, y no es en sí un asunto de la cooperación libre.

Y creo que esto es muy importante, porque, por supuesto, las empresas pueden ser gestionadas como entidades de cooperación libre. Y, otra vez, conocemos ejemplos de esto en diversos tipos de proyectos sociales relacionados con el dinero, que producen cosas y que se gestionan como cooperaciones libres, con gente negociando, poniéndose de acuerdo y separándose si dejan de estar de acuerdo, buscando formas de hacerlo de una manera igualitaria y justa. Y también tenemos ejemplos del llamado sector terciario, donde hay grupos que operan con fondos y capital público, que se les da para obtener resultados especiales, pero que también son libres en lo referente a cómo los consiguen. Creo que tenemos estos ejemplos y que está claro que esto es algo que podría cambiar las estructuras de las empresas de una manera radical, ya que, si aplicas este concepto, entonces está claro que tenemos mucho por hacer en cada organización económica concentrada. Esto, por ejemplo, descarta la posibilidad de que haya gente que tenga unos conocimientos tan especializados que no se pueda hacer nada sin ellos. Así que también debería implicar procesos de distribuir conocimientos y habilidades. También crea un entorno que la gente tiene la posibilidad de dejar o abandonar, si tiene otras posibilidades ­ lo cual quiere decir que tienen su subsistencia material asegurada, ésta no depende de sus puestos dentro de la empresa ­ . Esto implica que las inversiones públicas se efectúen de tal manera que no haya una estructura única en la que yo pueda trabajar con mis conocimientos profesionales, que yo pueda elegir, y que garantice que yo pueda llevarme la parte que me pertenezca del todo ­ lo cual, por supuesto, es una cuestión radical, pero es absolutamente necesaria ­ . Y no veo por qué las empresas no van a poder separarse si existe un desacuerdo sobre su futuro. Hoy en día, ya podemos observar algo similar: el gran capital se fragmenta en capitales más pequeños, y el todo se recombina, hace todo esto, y a nosotros nos parece de lo más natural, pero aun así no podemos imaginar que lo haga la gente que trabaja allí, que coopera allí.

Y creo que hay otro aspecto muy importante, esto es, si uno habla de las empresas como una forma de cooperación libre, necesitamos formas de implicar a la gente de fuera. Esto era un punto ciego incluso en algunos experimentos en países socialistas que se acercaron bastante ­ como la idea de una democracia obrera dentro de la empresa ­ pero que excluyeron a toda la gente externa a la empresa. Así que también tenemos que asegurarnos de que su forma de cooperación ­ ya que ellos son los que hacen posible que la empresa funcione ­ sea representada de alguna manera. Creo que necesitaremos mucha experiencia práctica para hacer esto. También necesitamos una revisión histórica de los experimentos en este sentido, que no se está haciendo hoy en día. Y creo que esto es algo fundamental porque la cuestión de cómo manejar este poder económico, es, por supuesto, fundamental a la hora de empezar a tratar también al poder social.

La cuestión principal en lo referente a cómo aplicar la cooperación libre al mundo de hoy en día es, por supuesto, la cuestión de la propiedad. Creo que es necesario resaltar la idea de que toda propiedad de capital social es, por supuesto, algo basado en el trabajo colectivo, no sólo en el trabajo de gente viva, es algo que también capitaliza las actividades, el trabajo y el pensamiento de gente del pasado, de un gran número de personas y de sus vidas. Así que esta clase de capital, que tratamos en la forma de, por ejemplo, conocimientos técnicos o sociales, en el sentido del capital industrial, del capital intelectual, que es muy importante hoy en día, es algo que no puede pertenecer a un número reducido de personas, sólo porque sean consejeros delegados de una empresa ­ esto es sencillamente ridículo ­. Por otro lado, la propiedad, el acceso al capital es algo necesario para la gente. Uno no debería avergonzarse por reclamar una participación en la propiedad de este mundo, porque necesitamos el trabajo de los demás, necesitamos acceder al capital para hacer cosas, para sobrevivir. Así que sería inconcebible decir que las formas de propiedad no existen en absoluto. No creo que sea posible decir que debamos tener una sociedad o comunidad en la que todo el mundo hiciera lo que le apeteciera y cogiera lo que le gustara. Así que las reglas que controlen el acceso a la propiedad son necesarias, y creo que esto incluye la necesidad de transferir la propiedad, de distribuir la propiedad de una manera más equitativa que hoy en día. Y debe quedar claro que se trata de un proceso que consiste en una serie de pasos previos. Porque podemos reconocer que la propiedad no siempre es algo que se pueda cortar en rodajas y distribuir. Así que se trata de un proceso de transformar la propiedad en la sociedad, de distribuirla.

Un tema importante que hay que tratar hoy en día es la movilidad del capital. Es justo lo contrario de esta idea de la libre cooperación según la cual si hay una escisión, si la gente no quiere seguir cooperando o tiene ideas distintas sobre qué debe hacer la cooperación, entonces el precio de la separación, de la transformación de la cooperación debería ser equitativo. Y esto es justo lo contrario a lo que el gran capital corporativo hace hoy en día, porque pretende que puede llevarse todo lo que pueda arrastrar a otros sitios donde la gente pueda ser más obediente. Y esto es algo que debe ser restringido. Si no, sería imposible desarrollar formas de redistribución de propiedad, no podríamos ni plantearnos cambiar las reglas.

Los mercados capitalistas tienen algunos aspectos que no pueden transferirse a una libre cooperación. Por ejemplo, es inaceptable que cuanto más éxito en el mercado tenga un participante, más pueda excluir a todos los demás participantes. Y es evidente que en los mercados capitalistas el principal aspecto de la competitividad no es ser mejor o tener mejores ideas, sino el emplear más fuerza contra los demás para reducir los costes de producción. Por supuesto, esto no puede formar parte de un mercado basado en la cooperación libre.

No es que la situación sea la de una ausencia total de alternativas, o que no haya contradicciones y movimientos de oposición contra la mayoría de las formas de falta de libertad y desigualdad. El problema está en que no se apoyan bien mutuamente, los movimientos son muy específicos de su entorno cultural y excluyen a mucha gente. Éste sigue siendo el caso hoy en día, y creo que lo que necesitamos más urgentemente es un proceso de mejor y más profunda comprensión entre los distintos movimientos, un proceso de apertura cultural, de nuevos enlaces entre la vida cotidiana y las formas de cooperación, resistencia, y cooperación alternativa cotidiana, y lo que consideramos como cuestiones políticas importantes.

No hay un cambio real en la sociedad y sus estructuras si no se han dado una serie de pasos ­ pero estos pasos tienen que ser reformas en el sentido de que no deben afectar sólo a los movimientos, sino también a las instituciones ­ . No podemos librarnos de todas las instituciones, también necesitamos conseguir algunos logros en legislación, porque así es como se realiza parte de la lucha. Aquí uno siempre corre el peligro de no ver que esto también es parte de la lucha y que uno tiene que pensar ­ de manera utópica ­ en la dirección que tomamos. El camino hacia una sociedad utópica no se hace sólo acumulando reformas sobre distintos elementos, también es necesario tener algún tipo de dirección general, que no se da como una verdad absoluta, sino que es el resultado de la negociación entre movimientos emancipatorios. Así que creo que hoy en día hay muchas ideas en todo el mundo que están relacionadas con conceptos como la cooperación libre y que se puede entablar una interesante discusión sobre este tema. Esta discusión sería esencial, porque esta clase de diálogo entre distintas ideas, distintas personas y distintos grupos es necesario para establecer coaliciones, y esto es lo que necesitamos hoy en día.

Traducción: MediaLabMadrid, Centro Cultural Conde Duque, Madrid

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