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Los irreconciliables años noventa
Los
años noventa produjeron una serie de fenómenos con los
que aún no nos hemos reconciliado, que han determinado
el cambio de milenio. El colapso del socialismo de estado
desató la globalización, al menos de acuerdo con la
narrativa neoliberal. La reunificación de Alemania en
1990 es vista mundialmente como un modelo de globalización
en miniatura. La República Democrática Alemana, representante
de la orientación socialista del Este de Europa y catalogada
como una aberración de la modernidad, fue anulada política,
social y culturalmente. La Alemania occidental, que
pretendía tener una concepción superior de la economía,
asumió la soberanía de toda interpretación sobre cuestiones
sociales. Gracias al Fondo Monetario Internacional,
la Organización Mundial del Comercio y el Guggenheim,
el principio de reproducción prevaleció como estándar
global. El éxodo del capital atravesando fronteras nacionales
creó un "Estado capitalista transnacional"
(André Gorz), un estado sin territorio que afecta a
las naciones-estado desde fuera, pero que, por su parte,
elude el control político.
El
mercado del arte —que había entrado en crisis a finales
de los años ochenta— revivió a mediados de los noventa
gracias a los billones de la New
Economy ganados en los mercados financieros mundiales,
reanimando con ello formatos artísticos que parecían
muertos, como la pintura, por tratarse de los medios
que mejor reproducían la conformidad del arte con la
producción de mercancías. Las prácticas artísticas colectivas
y críticas, que en las periferias del mundo del arte
se oponían a las instituciones y que poco a poco habían
ganado un cierto poder discursivo, fueron exitosamente
reprimidas para abrir nuevos espacios al modelo tradicional
individualista de práctica del arte. Directores-artistas
como Matthew Barney fueron quienes se beneficiaron de
este desarrollo del mercado. Probablemente la manifestación
más desagradable entre los fenotipos del arte de los
noventa es el sujeto-artista cuya creatividad surge
de su mundo interior. Este sujeto-artista, como siempre
ocurre, sirve a la burguesía en bandeja la obtención
de ganancias en términos de distinción. Los viejos y
—desde la evidencia del desarrollo histórico— exhaustos
medios y géneros de expresión artística que la joven
generación politizada había declarado acabados (como
la pintura, la escultura y el dibujo) han experimentado
un boom desde mediados de los noventa hasta nuestros
días. La fotografía y el vídeo son entonces el sucedáneo
actual de lo pictórico. Ambos dominan las ferias de
arte y las más relevantes exposiciones. Irónicamente,
fue el éxito de los valores high-tech
en el mercado de valores lo que inspiró el éxito de
los viejos medios —los cuales dominaron tanto la Documenta
X como las bienales de Venecia de 1999 y 2001— con un
ímpetu que parecía imposible. Resulta especialmente
amargo que Catherine David tuviera que ilustrar su discurso
crítico de documenta en 1997 con una sobresaturación
de trabajos fotográficos. La Documenta XI de Okwui Enwezor,
que sumía las artes visuales en un discurso interdisciplinar
entre el poscolonialismo y la globalización, tampoco
pudo prescindir de las cabinas de proyección de vídeo.
Un
lugar de producción de arte y crítica contemporáneos
El
Kokerei Zollverein
| Arte y crítica contemporáneos de Essen fue un
proyecto artístico concebido originalmente con una duración
total de cinco años. Este proyecto desarrolló, entre
2001 y 2003, un dispositivo de producción sobre la transformación
de la sociedad del trabajo a la sociedad del conocimiento.
La Fundación para la Conservación de los Monumentos
Industriales y de la Cultura Histórica de Dortmund,
por recomendación de Kaspar König, invitó a finales
del 2000 tanto al autor de este texto como a Florian
Waldvogel —curador del programa del Kokerei Zollverein—
a preparar un informe que estudiase la posibilidad de
crear un centro de arte contemporáneo sobre la base
del antiguo contexto industrial. En el año 2001 se exhibieron
trabajos de 26 artistas internacionales en las secciones
expositivas Arbeit
(trabajo), Freizeit (ocio) y Angst
(miedo), con la intención de iniciar nuevos procesos
sociales de comunicación. La exposición, que evidenciaba
su génesis en tres fases, iba acompañada de debates
sobre los siguientes campos temáticos: "Geschichtskultur"
(cultura histórica), "Bitterfelder Weg" (el
camino de Bitterfelder), "Existenzgeld" (dinero
para subsistir) y "Rechtsradikalismus" (radicalismo
de derechas). El proyecto del año 2000, Campus, trataba de otro tema sociopolítico explosivo: las políticas
educativas y la producción del conocimiento. En el proyecto
del 2003, Die
Offene Stadt: Anwendungsmodelle (La ciudad abierta: modelos para aplicar), el cual
consistía en una exploración de la "esfera pública"
y de las localizaciones de su emergencia y efectividad,
se llevó a cabo mediante proyectos artísticos y discursivos.
Por su historia y su obvia relevancia, la antigua planta
industrial del Kokerei Zollverein servía como una plataforma
ideal para esta nueva utilización orientada hacia al
futuro, a través de un proyecto que se centraba en el
desarrollo de nuevos medios y modelos de expresar saberes,
responsabilidad política y subjetividad.
El
Kokerei Zollverein fue construido entre los años 1959
y 1961 y funcionó como una planta de extracción de carbón
hasta 1993. La arquitectura, creada de acuerdo con los
planes de los arquitectos de la Bauhaus Fritz Schupp
y Martin Krenner, era sorprendente técnicamente y también
en su diseño: formas cúbicas y entramados metálicos
crean una síntesis austera e imponente. El Kokerei Zollverein
se consideraba una de las plantas industriales más modernas
de Europa. Hasta mil personas trabajaban a lo largo
de una batería de 600 metros de longitud y 304 hornos
de carbón. En el llamado "lado negro" se producían
diariamente para la industria metalúrgica 8600 toneladas
de coque extraídas a partir de 10 mil toneladas de carbón.
Otros productos secundarios como gasolina, brea y amoniaco
se procesaban en el "lado blanco". La planta
de carbón fue cerrada en 1993 no sólo porque la industria
metalúrgica estaba en crisis y la demanda de carbón
decrecía continuamente, sino
porque la producción de coque acabó siendo demasiado
cara. Desde diciembre del 2001 la planta entera fue
declarada parte de la Herencia Cultural Mundial por
la UNESCO.
El
concepto del proyecto Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos, planeado
originalmente hasta el 2005, era la creación de un lugar
de producción en el que las artes visuales se confrontasen
con temáticas socialmente relevantes, tomando en cuenta
su historia social e industrial. Al mismo tiempo, el
programa de cada año no sólo se dedicaría a una temática
diferente sino que, además, habría de producir un modelo
de representación y comunicación específico para cada
ocasión.
Práctica
teórica
La
práctica crítica —sea en el campo sociopolítico o en
el artístico— ha decrecido significativamente desde
los años ochenta. El proyecto Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos no entiende
la práctica crítica como un medio para proveer legitimidad
a un nuevo lugar en el que se otorga, a los insatisfechos
y a los marginales, el poder de hablar. Foucault presentó
un concepto de crítica, relativo al análisis del poder
y sus mecanismos de control social, que también se cuestionaba
a sí mismo. Porque allá donde la crítica se establece
y deviene instrumental, se convierte a sí misma en una
disciplina.
Adorno
podría ser otro punto de referencia, especialmente en
sus fragmentos políticos tardíos, en los que analiza
los efectos fatales del hecho de que la crítica política
se hubiese convertido en un tabú en Alemania desde su
fundación imperial en 1871. La repulsa por la crítica
en Alemania, de acuerdo con Adorno, deriva de un espíritu
militarista agresivo que permea las instituciones y
que busca dominar las áreas civiles de la sociedad.
Adorno contrasta esto con el concepto de responsabilidad
política, el cual considera como el motor de la crítica
política.
Una
mirada a la historia de la contracultura desde los años
sesenta nos muestra que, durante los primeros años ochenta,
la generación sucesora de los movimientos sociales de
los setenta encontró problemática la relación teoría-práctica:
no era posible construir un modelo teórico omnicomprensivo
a partir de una práctica fragmentada. Ello condujo a
una despolitización de la cultura juvenil y de la vida
política en general. ¿Cuál es hoy la esfera pública
política? ¿Y dónde tiene lugar? La cultura popular ha
ido recubriendo la cuestión de la esfera pública política
subordinándola y esclavizándola visualmente. Una forma
de analfabetismo político se adueña de la sociedad.
El proyecto Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos no buscaba
reducir lo que se entiende como prácticas –sea en forma
de acontecimientos políticos, exposiciones, talleres
de hip-hop o seminarios sobre guerrilla cultural– a
una única matriz teórica, sino, por el contrario, expandir
una práctica crítica a los modos de ver, pensar y actuar.
Análisis,
contramodelo, economía de la atención
El
análisis no implica necesariamente ofrecer una respuesta
exhaustiva a una cuestión; puede también detenerse en
un punto en el que el proyecto investiga una respuesta
en situación. En nuestra cultura de la imagen mercancía,
es difícil tan sólo imaginar contramodelos. Nuestros
modos de ver y pensar están tan colonizados que, erradicar
esta determinación heteronómica, requiere un cierto
esfuerzo. El Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos ofrece
un dispositivo para la producción de conocimiento que
permite manejar críticamente saberes basados en la producción
de imágenes y textos.
Bajo
ciertas circunstancias, se tiene la oportunidad de obtener
mayor atención con un proyecto político que se ha infiltrado
en el campo cultural que operando directamente en el
campo político. El hecho de que este tipo de prácticas
de infiltración política hayan sido incorporadas en
las nuevas operaciones culturales –de manera que algunos
activistas políticos se convierten en "polit-artistas"
y pueden ser por tanto reducidos a términos estilísticos–
es un dilema histórico del que se extraen consecuencias.
Si aprendemos del pasado vemos que los intentos de orientar
rigurosamente los postulados políticos de acuerdo con
un sólo ideal de acción, especialmente la práctica política,
están ideológicamente agotados. Hoy día es tan legítimo
entrar en la arena política y operar ahí como intentar
crear una situación o una realidad en el campo cultural
que sea capaz de establecer una esfera pública crítica.
Una de las primeras consecuencias que debemos extraer
de nuestro dilema sobre las tensiones entre la teoría
y la práctica es que no debemos oponer estos dos planteamientos
de práctica política sino relacionarlos.
Intervenir
en la realidad
El
Kokerei Zollverein
| Arte y crítica contemporáneos se define como un
lugar de producción enmarcado entre la teoría y la práctica,
con una esfera de actividad caracterizada por una responsabilidad
artístico-social para reconquistar la subjetividad.
Debemos cuestionar la reconstrucción del sujeto como
un circuito informático en la New
Economy, interrumpir la transformación de la comunicación
en una parte del sector servicios y formular alternativas
a la industria del entretenimiento. En nuestro proyecto,
tanto las prácticas artísticas como las prácticas críticas
de mediación consistían en métodos definidos de acuerdo
a un enfoque histórico, los cuales eran recombinados
de manera adecuada a nuestros tiempos con el objetivo
de intervenir en la realidad, revelando las conexiones
entre las prácticas políticas y las representaciones
culturales.
Después
de tres años, el 31 de diciembre de 2003, el
Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos fue interrumpido
abruptamente a
pesar de que al inicio se había acordado su continuidad
mediante un contrato de cinco años y aunque la financiación
del proyecto Ramp
(Rampa) para el 2004 estaba asegurada por parte de la
Fundación Cultural del Gobierno Federal. El financiador
original, la Fundación para la Conservación de los Monumentos
Industriales y la Memoria Histórica, dio por acabados
los contratos con todos los empleados antes de la fecha
mencionada. La Fundación afirmó haber actuado por indicación
del Ministerio de Construcción, Cultura y Deportes del
estado del Norte Renania-Westfalia, dado que a este
ministerio se le encargó la coordinación general del
conjunto de los proyectos del Zollverein a través la
Asociación para el Desarrollo del Zollverein (EGZ –
Entwicklungsgesellschaft Zollverein) desde el 2004.
Fracasaron entonces las negociaciones para continuar
financiando el proyecto sobre Arte y crítica contemporáneos
a través del EGZ. Y así siguen las cosas: se socializan
las pérdidas, se privatizan los beneficios.
Campus
Como
ya se ha dicho, el proyecto del 2002, Campus,
analizaba un tema de controversia social: las políticas
educativas. Enlazaba diversos campos: el arte, la política
educativa, la producción de conocimiento, el hip-hop
y la cultura juvenil. Su enfoque principal era la concepción
de nuevos modos y modelos para impartir conocimiento,
el cómo llevar a cabo tareas de formación y el cómo
promover la alfabetización política. Un gran número
de proyectos artísticos, acciones, conciertos, seminarios,
talleres y conferencias tuvieron lugar bajo las rúbricas
"Bellas Artes", "La economía política",
"En casa y en el extranjero.02.Flujo.Talleres.Políticas"
y "La ciudad". Todas las actividades estuvieron
abiertas a escolares, universitarios y otros sujetos
interesados. Un total de treinta acontecimientos tuvieron
lugar durante un periodo de tres meses.
La
tesis inicial del proyecto Campus
era que las escuelas y universidades estaban perdiendo
constantemente su autonomía social y política, convirtiéndose
en centros de disciplinamiento social. La función de
las universidades del posfordismo y de las instituciones
de formación es satisfacer el enorme incremento en la
demanda de competencias en el área de los servicios
financieros y de comunicación globales, la formación
en competencias comunicativas e informativas y la educación
cultural de acuerdo con las exigencias del mercado.
En tales circunstancias, lugares de producción cultural
como el Kokerei Zollverein | Arte y crítica contemporáneos han adquirido una
nueva función: concebir y aplicar nuevos modelos de
producción de conocimiento que no estén diseñados en
exclusiva para propósitos de cualificación profesional,
sino que busquen fomentar el desarrollo personal y la
emancipación política.
El
proceso de planificación conceptual se produjo en la
forma de preparativos para un experimento social y estético.
En ese estadio, el conocimiento que se generaba y la
crítica que se producía analizaban las prácticas dominantes
de normativización social del conocimiento y los mecanismos
de control social. Las universidades y otras instituciones
educativas son con frecuencia instrumentalizadas con
el fin de regular la opinión pública, la esfera pública
y las relaciones sociales. Dondequiera que la producción
de conocimiento se convierte en un recurso político,
el resultado es un mecanismo de inclusión/exclusión
del público, de participación/rechazo en los procesos
de toma de decisiones políticas. Actualmente, el campus
es un lugar en el que los principios fundacionales de
la comunidad y la sociedad se han invertido. Las compañías
privadas en particular, concentran cada vez más a su
personal en comunidades físicas con el fin de formar
una identidad corporativa más allá de la sociedad. El
objetivo del proyecto Campus
era desafiar esta tendencia hacia la privatización del
conocimiento, la educación y la esfera pública.
El
acontecimiento de clausura, en septiembre de 2002, se
titulaba "Contabilidad social". En él se presentaron
las publicaciones regina
– Nr. 6 Stillleben (regina – nº 6 Naturaleza muerta)
de Regina Möller y el Handbuch
Antirassismus (Manual del antirracismo) de Mirko
Heinemann, Alfred Schobert y Claudia Wahjudi. La idea
de "contabilidad social" representaba una
confluencia del concepto "control social",
proveniente de las ciencias sociales, con otro procedente
de la economía. Un campus, por mucho que pueda autodeterminar
sus propias actividades y currícula, se encuentra marcado
por el antagonismo entre la libertad académica y las
presiones e intereses económicos. Estos últimos presionan
permanentemente para restringir y controlar esa libertad.
Este antagonismo también afecta a los proyectos culturales
en general. Incluso las ideas más radicales, la máxima
libertad de expresión y el desarrollo de una opinión
pública informada, requieren un canal a través del cual
expresarse. Pero ¿cuán sujetos están estos diversos
canales a los intereses dominantes de la "contabilidad
social", a la vigilancia política y a los mecanismos
de autocensura que operan invisibles en el interior
de los propios sujetos, los cuales se manifiestan igualmente
en el conjunto de la sociedad?
La
región en la que el proyecto Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos estuvo
activo se encuentra también afectada por este antagonismo
entre los intereses instrumentalizadores del mercado
y la política por un lado y la exigencia de desarrollo
y empoderamiento personal por otro. El Valle del Ruhr,
una conurbación de cinco millones de habitantes que
fue un centro de industria pesada, se encuentra actualmente
en un proceso de cambio estructural. Tras el declive
de la industria minera, el área entró en vagos planes
de futuro que no respondían a las cuestiones acuciantes
que surgían de esta transformación. El conjunto del
proyecto Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos entendía
que su papel consistía en ofrecer una exploración discursiva
y un examen crítico y estético a estos campos de conflicto,
que incluían la producción de una identidad regional,
la imagen abrumadoramente masculina del área, cuestiones
de protección medioambiental y el disciplinamiento social
de lo que una vez fue una cultura de clase trabajadora
desafiante, mediante el planeamiento urbano y la sustracción
del conocimiento y la cultura.
El
consumo de la crítica es un fenómeno que debería ser
tomado tan en serio como la resistencia a la crítica.
El Manual del
antirracismo, publicado en el marco de Campus, es un ejemplo de propuesta que mira críticamente a la sociedad,
al tiempo que analiza autocríticamente las áreas en
las que el arte y la cultura operan. El objetivo declarado
de la publicación era realizar prácticas de investigación
social y política desde el campo del arte, modos de
investigación que son en sí mismos una forma de práctica
cultural. Ello respondía también al objetivo del proyecto
Kokerei Zollverein
| Arte y crítica contemporáneos, el cual buscaba
ser un centro de producción cultural. Pero esta relación
entre el arte y las políticas sociales no debería entenderse
de manera doctrinal. Hay que insistir en que el arte
debe expandirse a mayores esferas de actividad e influencia
planteándose cuestiones de política social en su propio
ámbito.
Además,
el Manual del antirracismo trataba la cuestión del "extremismo
de derechas", que también se tematizaba en el proyecto
de 2001 ya mencionado, Trabajo
Ocio Miedo, creando una continuidad temática entre
los proyectos anuales. La primera parte de este compendio
no sólo traza las raíces históricas del racismo y el
antisemitismo sino también examina su influencia actual.
La segunda parte del libro es un directorio de los grupos
que en Alemania trabajan contra el racismo y el antisemitismo.
Ahí se listaban los contactos y descripciones de 700
proyectos e iniciativas diferentes. El racismo y el
antisemitismo son ubicuos en la sociedad alemana. Desde
la reunificación en 1990 más de 130 personas han sido
asesinadas por no ser de origen alemán, por ser personas
sin-techo o tratarse de desviados de las normas sociales.
El racismo y el antisemitismo están también presentes
en la vida cotidiana, por ejemplo en prácticas de empleo
discriminatorias. También aparecen en las campañas electorales,
en la cultura popular y en los centros escolares, así
como en los actos criminales vandálicos perpetrados
contra cementerios y memoriales judíos.
El
Manual del antirracismo,
la única publicación de este tipo en toda Alemania,
Austria y la Suiza de habla alemana, facilita una esperada
lista de los diferentes proyectos e iniciativas en curso
sobre estas cuestiones en toda Alemania. Hasta ahora,
el trabajo político de este tipo ha sido obviado por
los medios de comunicación dominantes. El directorio
se ofrece a todos los ciudadanos que se oponen al racismo
y al antisemitismo como una plataforma que facilita
el trabajo político en red y que anima a pasar a la
acción. Más aún, dirige su atención hacia el racismo
institucional, una nueva forma de racismo que no ha
sido adecuadamente investigada hasta ahora. El comportamiento
racista no es sólo una cuestión de actitudes individuales.
Frecuentemente opera en un sistema institucional cuya
finalidad es la exclusión permanente de personas con
filiaciones religiosas o creencias diferentes de las
normalizadas en la vida social, ejerciendo la discriminación
contra ellas en cuestiones como el derecho de asilo
o residencia, a la hora de tomar decisiones sobre deportaciones
o cuando se ficha masivamente a quienes proceden de
países islámicos. ¿Qué debemos hacer? En este punto,
el manual cita a Étienne Balibar: "Tenemos que
darnos cuenta, una vez más, de que la democracia está
en cuestión y tenemos que actuar para evitar que siga
hundiéndose".
De
la "ciudad abierta" a la "sociedad abierta"
Dokumentation
der Opfer
(Documentación sobre las víctimas) de Rebecca Forner,
que formaba parte del proyecto de 2003 Die
Offene Stadt: Anwendungsmodelle (La ciudad abierta: modelos para aplicar), era una
aproximación artística al asunto del "extremismo
de derechas". Está basado en un estudio de la violencia
extremista de derechas perpetrada desde la reunificación
alemana contra gente de bagajes culturales diferentes.
Forner instaló vallas publicitarias en la planta baja
del Kokerei Zollverein en las que colocaba carteles
mostrando víctimas de la violencia extremista de derechas,
con una descripción escrita del crimen cometido y la
causa de las muertes. Los carteles también se distribuyeron
en vallas publicitarias de Essen y fueron difundidos
mediante listas de correo electrónico. El trabajo de
Forner no solamente interpelaba al público que asistía
a la exposición sino también a transeúntes y usuarios
de Internet, confrontándolos con un tema relevante en
la historia alemana reciente. Además, Former intentaba
tematizar la historia del arte cartelista como instrumento
de agitación política para ofrecer al público un espacio
en el que verter sus propios comentarios.
La
democracia, la esfera pública política y la práctica
artística eran los temas de
La ciudad abierta: modelos para aplicar. Partiendo
de las cuestiones sobre producción y transferencia de
conocimiento tematizadas en Campus
el año anterior, este proyecto de 2003 avanzaba un paso
hacia la "sociedad abierta". Producía referencias
cruzadas entre los proyectos precedentes, Trabajo
Ocio Miedo y Campus,
y también entre varias disciplinas. Identificaba diversas
actividades artísticas y discursivas que están contra
la normativización social y que favorecen el empoderamiento
de los sujetos en un campo de "resistencia abierta"
que combina el arte y la cultura con lo político. También
tematizaba cómo una esfera pública política emerge y
cómo funciona en el seno de la sociedad del espectáculo,
basándose en los particularismos y en valores simbólicos.
Topográficamente,
el Kokerei Zollverein
| Arte y crítica contemporáneos parecía un lugar
apropiado para interrogarse sobre tales cuestiones.
Durante décadas, la planta carbonífera, el Kokerei Zollverein,
estuvo sostenida por el trabajo de unas mil personas
que funcionaban como una "ciudad olvidada"
a extramuros del espacio público. Tras su cierre se
convirtió en un espacio público. "La ciudad olvidada"
se ha convertido en una "ciudad pública",
un complejo urbanístico testigo de su historia industrial
y social.
El
proyecto anual de 2003,
La ciudad
abierta: modelos para aplicar, operaba sobre estos
tres diferentes niveles. En primer lugar se refería
a la transición del Kokerei Zollverein desde una "ciudad
olvidada" a una "ciudad abierta". En
segundo lugar buscaba ilustrar la transición histórica
del arte público desde la escultura en espacios exteriores
hasta el project-art de los años noventa, que ya no
se adapta solamente a los espacios públicos en términos
formales, sino que interviene en las estructuras políticas
y sociales. En tercer lugar su objetivo era formular
una práctica artística que fuera más allá de los límites
del project-art y que alcanzara a la "sociedad
abierta" en áreas tales como el arte y el feminismo,
la vida cotidiana, la guerrilla cultural y la teoría
urbana. Lo que necesitamos en este orden de cosas son
"modelos para aplicar" de cara a la resistencia
en el campo artístico, la net-cultura, la política y
los medios de comunicación.
Con
el auge del project-art en los noventa, el papel del
artista comenzó a desplazarse hacia la práctica del
productor cultural. El project-art, un término usado
para describir una práctica artística que funciona fuera
de los parámetros tradicionales en los campos de conflicto
social, político y mediático, no se limita a un soporte
específico ni tiene como única base el sistema institucional.
La ciudad abierta:
modelos para aplicar no consistía en una exposición
de planes y propuestas relativas al tema propuesto.
En lugar de esto, la exposición era el punto de partida
y el lugar de encuentro de un cuestionamiento crítico
de la esfera pública y de los modos en los que ésta
cobra forma y funciona.
Desde
mediados de los sesenta el artista argentino David Lamelas
ha realizado análisis de los medios de comunicación
y de las estructuras de información, trabajos conceptuales
en fotografía y cine, análisis fílmicos de las estructuras
de la visión y exámenes de desarrollos narrativos. Creó
la Oficina de
información sobre la guerra del Vietnam en tres
niveles: imagen visual, texto y audio para el pabellón
argentino de la Bienal de Venecia de 1968. En su instalación,
Lamelas reflexionaba sobre las estructuras de información
y comunicación de los media y sus contextos de recepción.
Tras una pantalla de cristal instaló una oficina con
el mobiliario habitual y una máquina de recepción de
télex conectada con agencias de noticias. Toda la información
disponible sobre la guerra en Vietnam se enviaba a la
oficina y a la Bienal por medio de esta máquina. La
pieza de Lamelas se rehizo, modificó y adaptó para nuestra
exposición en el 2003. Se mostraban noticias sobre la
guerra en Irak en la pantalla de un ordenador conectado
con agencias de noticias. De esta manera los espectadores
podían acceder de manera inmediata y sin filtros al
cómo y dónde aparecen las noticias, así como a la manera
en que son producidas por los media.
La
carrera artística de Marko Lulic, artista austriaco
de origen serbo-croata, quedó marcada por los turbulentos
sucesos políticos de los noventa, en particular por
la desintegración de Yugoslavia. Se interesa por las
condiciones ideológicas y políticas bajo las cuales
los monumentos públicos y la arquitectura se erigen.
Puesto que no son sólo una expresión de la ideología
dominante en cada momento particular sino que, además,
contribuyen a la construcción de dicha ideología. Lulic
dedicó su escultura --una intervención escultórica en
el primer piso (Trichterebene) del Kokerei Zollverein
que incorporaba en su concepción su propio dispositivo
de exhibición-- a esta relación entre arquitectura y
monumento, así como a sus orígenes políticos y a su
realidad social. Utilizando las letras de "Zollverein"
retomaba la historia del complejo industrial en un proceso
escultórico deconstructivo.
Dan
Perjovschi se hizo internacionalmente famoso por su
instalación rEST
para el pabellón rumano de la Bienal de Venecia de 1999.
Perjovschi cubrió el suelo del pabellón con dibujos,
garabatos y grafitis políticos dedicados a la vida en
el poscomunismo, así como al papel que juega el arte
del Este de Europa en el intercambio cultural con el
Oeste. Sus dibujos, caricaturas y grafitis lanzan preguntas
incómodas sobre la identidad postsocialista. Al mismo
tiempo, rechazan de un modo ambiguo el modo occidental
de leer el arte del Este europeo, que habitualmente
se rechaza por considerarlo históricamente obsoleto.
Perjovski entiende el papel del artista en la era postsocialista
como eminentemente político. Es cofundador del semanario
de oposición 22
del que ha sido ilustrador político y director artístico
desde 1991. Transeúnte entre los mundos oriental y occidental
europeos, Perjovski está bien informado sobre las evoluciones
de las políticas migratorias. Éstas constituyen el tema
de algunos de sus grafitis políticos. Como artista en
residencia para
La ciudad
abierta: modelos para aplicar fue invitado a pasar
cuatro meses cubriendo con dibujos a tiza toda la segunda
planta (Bunkerebene) del Kokerei Zollverein. Su proyecto
tomaba en consideración tanto la transformación de la
planta industrial en un lugar de producción cultural,
como el deslizamiento de Europa del Este hacia una fase
de reorientación política y cultural. El trabajo cubría
un área de 700 metros cuadrados con un panorama histórico
que también reflejaba la situación política global contemporánea.
Hoy
día, la "esfera pública" parece estar principalmente
canalizada por los medios de comunicación. El proyecto
Social Technologies
(Tecnologías sociales), dirigido por Inke Arns, mira
a Internet en particular como el
medio de la globalización, pero también como un instrumento
táctico para su crítica, así como atiende a las prácticas
activistas de détournement. La estrategia de desobediencia
civil electrónica se considera una de las más importantes
prácticas de netactivismo que corre paralela a la construcción
de sistemas autónomos de comunicación. El proyecto documenta
y aplica técnicas de tecnología social: hacktivismo, realityhack, zonas autónomas temporales.
Ubermorgen.com,
una compañía registrada en Alemania, Austria, Suiza y Bulgaria, describe su negocio como media hacking y extiende su mensaje mediante la guerrilla
marketing. Uno de sus más conocidos trucos fue la
subasta online
de votos durante las elecciones presidenciales de los
EE.UU. en el 2000. Su lema: "¡Acerquemos cada vez
más el capitalismo y la democracia!". Los artistas
británicos Heath Bunting y Kayle Brandon investigan
y publican las rutas más adecuadas para cruzar las fronteras
estatales europeas. En 1998 un grupo de artistas, ingenieros,
escritores y activistas constituyeron el US Institute
of Applied Autonomy (IAA, Instituto americano de autonomía
aplicada), como un colectivo anónimo de investigación.
El IAA desarrolló robots ("GraffitiWriter",
"StreetWriter") que pueden operar por control
remoto desde Internet, escribiendo textos, eslóganes
y mensajes a lo largo de cientos de metros en la calle.
Desde 1997 el artista francés Renaud Auguste-Dormeuil
ha creado mapas personalizados que muestran cómo escapar
a las cámaras de vigilancia. Estos proyectos conectan
el espacio virtual del netactivismo con el ámbito público
real de la política. Fueron documentados en una biblioteca
en Internet (http://www.kokereizollverein.net)
y algunos de ellos mostrados en acción en la planta
baja (Diskoebene) del Kokerei Zollverein.
Un
último proyecto dedicaba su atención al culture
jamming (guerrilla cultural). Junto con estudiantes
del Departamento de Comunicación y Diseño de la Universidad
de Essen, el objetivo era desarrollar modelos de acción
visual en el espacio urbano. Ello cobró la forma de
un taller que duró varias semanas en el marco de La
ciudad abierta: modelos para aplicar. Culture jamming
es el término generalmente utilizado para describir
interferencias en las redes de comunicación hegemónicas.
Se puede entender como un movimiento de protesta contemporáneo
que utiliza la estrategia de la desobediencia civil
en interacción crítica con los medios de comunicación.
Hay procesos de concienciación que pueden ponerse en
marcha mediante estrategias iniciales de revisión crítica,
reformulación de mensajes publicitarios y campañas de
marketing corporativo, así como interviniendo en sistemas
comunicativos de forma vírica. El taller examinaba los
inicios históricos del culture
jamming y la teoría básica que sostiene el movimiento,
además de poner a prueba sus modelos actuales. También
los dos proyectos previos a La
ciudad abierta: modelos para aplicar implicaron
la cooperación con grupos e instituciones locales: Trabajo
Ocio Miedo con el DISS-Instituto de Duisburg y el
grupo independiente antifascista de Essen UAA; Campus
con el Universidad del Ruhr. La participación de estudiantes
de la Universidad de Essen también en este último proyecto
estableció una continuidad de dicha práctica cooperativa.
Junto
a los trabajos de Rebecca Forner, David Lamelas, Marko
Lulic, Dan Perjovschi y los proyectos de Internet y
guerrilla cultural, las publicaciones de Kokerei
Zollverein | Arte y crítica contemporáneos también
adoptaban el papel de agentes de resistencia en la "ciudad
abierta". Los escritos de Julie Ault y Martin Beck
documentan sus métodos artísticos de creación de un
espacio contracultural enlazando modelos históricos
con temas contemporáneos. Ambos, residentes en Nueva
York, trabajaron en una publicación titulada Critical
Condition que interrogaba algunas cuestiones metodológicas
fundamentales sobre las conexiones entre políticas sociales,
crítica de las instituciones y práctica artística. Ault
y Beck atienden a la creación artística como un proceso
social que conecta aspectos estéticos y políticos a
la hora de producir modos de pensamiento y percepción
críticos. Consecuentemente, su publicación Critical
Condition – Ausgewählte Schriften mi Dialog (La
condición crítica: selección de escritos en diálogo)
es más que una mera antología de textos; debe entenderse
más bien como una forma de práctica artística tanto
en la manera en que agrupa temas y textos, como en su
selección de imágenes y diseño.
Finalmente,
la publicación
La ciudad abierta: modelos para aplicar investiga entre varios campos
sociales y culturales las diversas maneras en que la
esfera pública funciona y cobra forma, observando la
cultura del graffiti como una forma de acción urbana
(Blek le Rat), la práctica feminista en el arte y el
hip-hop (Meike Schmidt-Gleim, Hae-Lin Choi), la tensión
entre el netactivismo y el espacio público real (Martin
Conrads), la práctica artística (Hagen Kopp, Silke Wagner)
y la función del culture
jamming como nueva forma de resistencia estética
(Florian Waldvogel). El ensayo de Günther Jacob, "Una
arqueología del declive de lo hip", resulta particularmente significativo. En el sector cultural,
durante los últimos años, ser hip
ha sido un modo de promoción de la carrera personal
a costa de las cuestiones de contenido y temáticas.
Pero lo que Jacob critica es que, en respuesta a esta
tendencia, haya tenido lugar un reciente retorno del
modelo vanguardista que se había dado por finalizado.
Lo rechaza como un intento equivocado de autorreforzamiento
del discurso.
Lo
que todas estas intervenciones artísticas, publicaciones
y proyectos tienen en común es su intento por buscar
nuevas maneras de incorporar voces críticas a una esfera
pública dominada por un clima neoliberal, el cual otorga
al arte y a la cultura tanto la función de un estilo
de vida ligado al consumo como una señal de distinción
social. En una economía de mercado regulada por la hegemonía
de la economía política, al arte y la cultura se les
asignan funciones vaciadas de significancia política.
El objetivo es subvertir y recodificar estas funciones.
El proyecto La
ciudad abierta: modelos para aplicar fue conscientemente
dispuesto sin un único enfoque central, pretendiendo
no ofrecer una definición doctrinaria de la esfera pública.
A cambio, se ofrecen elementos singulares en un marco
en el que se muestran formalmente separados pero temáticamente
ligados, y en el que pueden desplegarse autónomamente.
Las perspectivas entrecruzadas de estos ensayos, afirmaciones,
obras de arte, argumentos y proyectos, crean un sistema
de referencia deseable que produce nuevas formas de
esfera pública en la "sociedad abierta".
Versión castellana
a partir de dos escritos originales en alemán: "Reconquering
Subjectivity" (publicado en versión multilingüe
en: http://republicart.net/disc/institution/babias01_en.htm)
y "The Open City: Models for Use". Edición
y traducción del inglés de Marcelo Expósito.
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