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Empezaré con una
afirmación obvia, incluso banal: como todos los museos
e instituciones culturales hoy, el MACBA se encuentra en
una encrucijada de intereses políticos y económicos
que actualmente determina la transformación de las
ciudades occidentales hacia el tercer sector, en el cual
el turismo es el principal objetivo económico.
Las nuevas economías urbanas en el capitalismo
postfordista dan un nuevo protagonismo a la cultura.
Varios teóricos han descrito el proceso, desde Fredric
Jameson en los primeros ochenta hasta David Harvey o
Negri y Hardt más recientemente, solo por mencionar
algunos. Llamamos “capitalismo cognitivo” al hecho
de que el postfordismo (basado en formas de trabajo
inmaterial, comunicativo y afectivo) pone la
subjetividad a trabajar, tal como Paolo Virno ha
analizado de manera paradigmática.
En este contexto, la idea de la esfera cultural como un
espacio autónomo de resistencia o crítica (es decir,
conservando una relativa autonomía respecto a la política
o la economía) ya no es defendible simplemente como tal.
No podemos mantener una concepción de la esfera
cultural basada en la crítica a la razón instrumental
puesto que hoy la subjetividad misma está inmersa en
los procesos del capitalismo. Necesitamos otros
discursos para defender la especificidad del arte y la
cultura más allá del paradigma moderno clásico contra
la razón instrumental. ¿Qué discursos? Por supuesto
los estudios culturales posmodernos pueden ofrecer una
alternativa. Pero puede ser muy insuficiente, incluso
problemática, como podemos ver en sus efectos perversos
en museos como el Guggenheim Bilbao o el Palais de Tokio
en París. En estos museos el paradigma multicultural
produce un contra-efecto reaccionario: una falsa e
indiscriminada tolerancia y una falsa participación,
que deja a cada cual donde estaba.
Tal paradigma es políticamente problemático en
la medida en que un respeto romántico a las diferencias
pasa por alto la densidad política de la
construcción de las identidades culturales y previene
de cualquier cambio social real.
Por tanto, el núcleo de la cuestión consiste
precisamente en encontrar métodos y discursos
alternativos que sean verdaderamente significativos y
emancipatorios. No voy a dar una solución o un modelo a
ese problema. Solo hablaré de nuestras experiencias en
Barcelona. Lo que parece claro es que la situación
presente nos obliga a repensar y reformular los modelos
históricos de arte político o de un arte producido políticamente,
en su mayoría anclados en un ideal de virtud
republicana que hoy es insuficiente para fundamentar un
pensamiento y una acción transformadoras en la esfera pública.
Para trabajar en esa dirección debemos trabajar
localmente de modo que podamos encontrar métodos
significativos y relevantes en los que la autonomía artística
pueda ser redefinida. Pensamos que lo necesario es
mantener una tensión entre la especificidad de lo artístico
y las condiciones y límites de cada situación. La
autonomía no es entonces algo dado, a modo de esencia
de lo artístico, sino una construcción, un espacio de
negociación que se sitúa justamente en las fronteras o
los márgenes de lo artístico. Esta negociación es por
supuesto entre la autonomía artística misma y su
contrario, la instrumentalización. Ambos extremos,
autonomía e instrumentalización, están siempre en
juego y ambos son relativos en ellos mismos. De nuevo,
lo que parece claro es que la aspiración moderna a la
autonomía en un contexto en el que tal autonomía no es
autónoma (sino que es de hecho un discurso de falsa
despolitización y por tanto de instrumentalización
encubierta) es totalmente insuficiente, por no decir
regresivo. Es
necesario buscar otros métodos.
El museo en Barcelona
está situado en el Raval, un barrio complejo
en el centro histórico de la ciudad que es hoy el escenario
de una lucha entre dos fuerzas opuestas. Primero, la
fuerza hacia la elitización. Desde mediados de los ochenta,
el poder municipal ha promovido la transformación social
del barrio, constituido históricamente por población
de clase trabajadora y sub-proletaria. En este contexto,
las instituciones artísticas y culturales (como universidades,
teatros, centros de arte, el MACBA mismo) han jugado
un papel crucial a favor de esa transformación.
En los últimos años está claro que
algunas partes del centro histórico del Raval
han sido conquistadas por las nuevas clases medias urbanas,
como se constata de la reciente apertura de un número
creciente de tiendas de moda, librerías, restaurantes,
bares y clubs. El incremento del precio de la vivienda
en la zona, que hasta hace poco era la más barata de
la ciudad, está favoreciendo la llegada de nuevo capital.
Pero la lucha continúa en la medida en que el barrio
es el más complejo culturalmente de la ciudad y la llegada
de nuevos inmigrantes se ha incrementado enormemente
en los últimos años. Esta es la segunda fuerza en esta
lucha. El Raval tiene una gran comunidad pakistaní y
una importante comunidad norte-africana (sobre todo
marroquí) y algunas comunidades no-occidentales relativamente
grandes (filipina, de Europa del este, de Latinoamérica).
Estas comunidades están mayormente constituidas por
gente pobre e ilegal y están demostrando una capacidad
realmente notable para crecer y reconquistar áreas del
barrio mediante economías informales. Las estrategias
urbanas promovidas por el poder municipal en el Raval
están claramente diseñadas para reforzar la seguridad
y limpieza de la zona para las nuevas clases medias
y el turismo. No está claro cuál de estas dos fuerzas
ganará la lucha y condicionará la evolución futura,
aunque lo más previsible es que el capital y la ingeniería
urbana se impongan. A menos que el modelo económico
de Barcelona, orientado al turismo, se vuelva ineficaz.
¿Qué hace el MACBA
en este contexto? La complejidad del Raval hace que
no haya maneras evidentes o fáciles de aproximarse al
barrio. Lo que puede hacer el museo es reflejar críticamente
las condiciones del arte y la cultura hoy y dejar abierto
un espacio de debate. Eso es lo que hacemos. Algunos
de nuestros programas públicos y debates se basan precisamente
en una comprensión crítica de la confluencia actual
de capital financiero, actividad inmobiliaria y cultura.
También desarrollamos proyectos con comunidades específicas
en el barrio. Por ejemplo con grupos que trabajan con
prostitutas de la calle para conseguir reconocimiento
legal (es importante tener en cuenta la larga historia
del Raval como barrio de prostitución, el Barrio Chino),
o con ONGs que trabajan con niños y adolescentes de
la calle. En cualquier caso, siempre es cuestión de
proyectos específicos con grupos específicos de cara
a objetivos específicos.
No todos estos proyectos son fácilmente visibles
o traducibles (luego me referiré a la cuestión de la
visibilidad y sus posibles efectos sobre ciertos procesos).
Toda esta actividad no se limita al barrio sino que
es parte de un contexto más amplio de pensar y practicar
modos en que el museo pueda contribuir a la reconstrucción
de una esfera pública radicalmente democrática y por
tanto pueda jugar un papel central en la vida de la
ciudad. Lo que es importante es entender que trabajamos
localmente de cara a afrontar problemas y condiciones
globales.
Creemos que nuestra
contribución a una esfera pública radicalmente democrática
es, de manera simple, ser auto-críticos y abiertos a
debates. La actividad discursiva juega un papel central
en el MACBA. Intentamos contrarrestar la hegemonía del
dispositivo de la exposición (y, por tanto, del régimen
de máxima visibilidad) como el principal método o espacio
discursivo público del museo. Pensamos que los públicos
son diferentes y tienen intereses diferentes y que debemos
permitir usos diferentes y no jerarquizados del museo
para esos diferentes públicos. Esos usos no se limitan
al espacio expositivo ni deben estar sobre-determinados
por el imperativo de la visibilidad. También intentamos
investigar métodos de circulación de discursos a través
de la página web y otras formas de publicaciones y publicidad.
La cuestión es entender los procesos de construcción
de públicos y los procesos de circulación de discurso
en la esfera pública.
El público y lo público
son conceptos en los que conviven varios sentidos simultáneamente
y que se definen de manera auto-reflexiva. Lo público
tiene que ver con lo común, con lo estatal, con el interés
compartido, con lo accesible. Hay una movilidad histórica
en la oposición público-privado justamente a partir
de la propia movilidad de los públicos y sus formas
de auto-organización. La oposición público-privado es
un espacio de conflicto en tanto que coartada para situaciones
de desigualdad, como hemos aprendido del feminismo.
El público tiene un doble sentido de totalidad social
y a la vez de
audiencias concretas. Michael Warner ha descrito con
precisión esta ambigüedad y multiplicidad de significados
de la noción de publico en su artículo “Públicos y contrapúblicos”. La idea central es que
los públicos son formas elusivas de agrupación social
que se articulan reflexivamente en torno a discursos
específicos. Público
es uno de los términos más
recurrentes en el debate cultural, pero no por
ello es un término simple y de significado evidente.
Parece fuera de discusión que el arte es una actividad
pública, orientada al debate y a la confrontación con
los otros. No obstante, así como la especifidad de lo
artístico ha sido largamente debatida y redefinida en
las últimas décadas, no parece que haya ocurrido lo
mismo con el público. Parece necesaria una permanente
redefinición de lo que queremos decir por público.
Por ejemplo, hoy
vemos que las instituciones y políticas culturales han
ido sustituyendo de manera progresiva los discursos
de acceso universal a la cultura, entendida como un
bien accesible en si mismo y como generador de efectos
beneficiosos a través de la mera exhibición,
por un nuevo discurso basado en la asimilación
de la experiencia cultural a los procesos del consumo.
En contra de la concepción homogeneizadora y abstracta
del espectador propia del arte moderno y sus instituciones,
el nuevo discurso de la industria cultural, que identifica
público y consumo, tiende a reconocer las diferencias,
aunque lo hace según los criterios del marketing y da
lugar a políticas culturales de signo populista. Desde
este punto de vista trabajar para el público significa
darle lo que el público espera, dando por supuesta una
preexistencia de tales públicos, supuestamente comprensibles,
mesurables y controlables a través de procesos estadísticos. Esta política
cultural sigue el patrón del consumo televisivo y tiene
por tanto sus mismas consecuencias: una progresiva banalización
y empobrecimiento de la experiencia, en la cual la dimensión
crítica y emancipadora de la experiencia cultural es
eliminada a favor de
una falsa participación.
Un ejemplo es el Forum Universal de las Culturas
2004, que estos días está abierto en Barcelona. Se trata
de un evento populista que usa la cultura como legitimación
de una intervención urbanística de gran escala. Parece
que Barcelona tiene experiencia en este tipo de discursos
y acciones. El célebre “Modelo Barcelona” es en buena
medida el resultado de tal experiencia. Es obvio decir
y entender que los movimientos sociales de la ciudad
están en contra de tal evento en la medida que fetichiza
y cosifica las luchas políticas y los conflictos reales
de la ciudad bajo una retórica de fraternidad universal
que no engaña a nadie.
Este discurso consensual
tiene consecuencias desmovilizadoras en la sociedad
civil y frente a esto proponemos otro planteamiento:
el público no existe como una entidad predefinida a
la cual hay que atraer y manipular sino que el público
se constituye de formas abiertas e imprevisibles en
el propio proceso de la construcción de los discursos,
a través de sus diversos modos de circulación. Por tanto,
el público no es alguien a quien llegar, que está ahí
esperando pasivamente las mercancías culturales
sino que se constituye sobre el propio proceso
discursivo y en el acto de ser convocado. El público
está en un proceso de movilidad permanente. Las consecuencias
de esta perspectiva en términos de políticas y prácticas
culturales van en la dirección de poner en cuestión
las concepciones dominantes respecto a la producción
y el consumo culturales, según las cuales esos roles
son inamovibles como procesos cerrados, y por tanto
meramente reproductivos de lo existente y abre un abanico
de posibilidades de acción nuevas, en las que el público
adquiere un papel activo de productor y que puede permitir
por tanto la aparición de articulaciones nuevas, de
nuevas formas de sociabilidad. De este modo, el público
aparece como un proyecto, como el potencial de construir
algo que todavía no existe y que pueda superar limitaciones
actuales.
Es justamente esta no preexistencia del público
(lo que podemos llamar su dimensión fantasmática) lo
que permite pensar en la posibilidad de reconstrucción
de una esfera pública cultural crítica. Y es precisamente
esa apertura lo que garantiza la existencia de una esfera
pública democrática, un espacio que no debe ser unitario
(esto es consensual) para ser democrático, como Chantal
Mouffe ha teorizado.
La multiplicidad
de públicos es preferible a una única esfera pública.
Nancy Fraser habla de la necesidad de explorar formas
híbridas de esferas públicas y la articulación de públicos
débiles y públicos fuertes, en los que la opinión y
la decisión puedan encontrar formas de negociar y recombinar
sus relaciones. Fraser introduce el concepto de “contrapúblicos
subalternos” para referirse a los “espacios discursivos
paralelos donde los miembros de los grupos sociales
subordinados inventan y hacen circular contra-discursos,
lo que a su vez les permite formular interpretaciones
opuestas de sus identidades, intereses y necesidades”
y añade: “en las sociedades estratificadas, los contrapúblicos
subalternos tiene un doble carácter. Por un lado, funcionan
como espacios de retiro y reagrupamiento; por el otro
funcionan también como bases y campos de entrenamiento
para actividades de agitación dirigidas a públicos más
amplios. Es precisamente en la dialéctica entre estas
dos funciones donde reside su potencial emancipatorio”.
En última instancia,
tal exploración sobre los contrapúblicos conduce a una
esfera pública post-burguesa, que no debe identificarse
necesariamente con el Estado. Hoy podemos reconocer
síntomas de la aparición
de esferas públicas no estatales surgidas de
iniciativas de
la sociedad civil, a las cuales el
Colectivo Situaciones de Buenos Aires han llamado
“nuevo protagonismo social”, refiriéndose a los acontecimientos
de Argentina del 19 y 20 de diciembre de 2001.
De tal rechazo a
una concepción consensual de los públicos aparece un
modelo pedagógico en relación a la cultura orientado
hacia la experimentación de formas de auto-organización
y auto-aprendizaje. El objetivo de tal método es producir
nuevas estructuras que puedan dar lugar a formas inéditas
(en red, desjeraquizadas, descentralizadas, deslocalizadas...)
de articulación de procesos artísticos y procesos sociales.
Se trata de dar “agencia” a los públicos, de favorecer
su capacidad de acción y superar las limitaciones de
las divisiones tradicionales de actor y espectador,
de productor y consumidor.
En el MACBA
intentamos repensar las concepciones dominantes
del público y experimentar con otros métodos de trabajo
cultural basado en otras posibles formas de mediación.
Esto implica repensar y redefinir el público
desde las aportaciones del feminismo, la teoría queer y las experiencias de los nuevos movimientos sociales. Y de
entender los públicos como transformadores y no reproductores,
superando así las limitaciones actuales de la representación
política tradicional, basado en una concepción burguesa
de la esfera pública. En este proceso la actividad de
los nuevos movimientos sociales es una referencia importante.
Las experiencias
del MACBA que describo a continuación pertenecen a los
últimos tres o cuatro años. La cuestión central que
se plantea en ellas es como construir nuevas formas
de mediación, esto es investigar en las periferias de
lo artístico y recuperar la noción de valor de uso frente
a una comprensión objetual de la producción de objetos
artísticos según un paradigma de pura visualidad.
El taller La
acción directa como una de las bellas artes, en
otoño de 2000, fue nuestro primer intento de poner a
trabajar juntos a colectivos de artistas y movimientos
sociales. Es importante entender la centralidad de los
movimientos sociales en Barcelona. Hay una larga historia
local en Barcelona relativa a la manera como la sociedad
civil ha sido singularmente activa, posiblemente debido
al hecho de que la ciudad sea una capital sin Estado.
En este sentido, por ejemplo es remarcable la influencia
política de la Federación de Asociaciones de Vecinos
(FAVB), cuyo papel desde la Transición hasta hoy ha
sido influyente en el urbanismo barcelonés.
Esto no significa que Barcelona sea un paraíso
socialdemócrata. Intento simplemente describir algunas
condiciones locales.
El taller se organizaba
en torno a cinco temas:
- Las nuevas formas
de subempleo y trabajo precario. Aquí contamos con la
participación de grupos como Ne Pas Plier de París,
que trabajaron junto con los grupos locales por la Renta
Básica de cara a iniciar una nueva publicación.
- Fronteras y migraciones,
para el cual tuvimos a miembros de la red Kein Mensch
ist Illegal (Nadie es ilegal), promovida por Florian
Schneider, trabajando juntos con ONGs activas en los
derechos de los inmigrantes ilegales. Este debate fue
el origen de varios Border Camps que tuvieron lugar
el verano siguiente en el sur de España.
- Especulación urbanística
y gentrificación (elitización), con la participación
del grupo Fiambrera Obrera, de Madrid y Sevilla, que
eran también los coordinadores del taller. Trabajaron
junto a Reclaim the Streets, célebres por sus estrategias
imaginativas de protestas e intervenciones en espacios
públicos.
- Los medios de comunicación
fueron un tema transversal en el taller. La idea central
era la de cómo contribuir a generar nuevas redes alternativas.
Este debate en el taller fue el origen del la red Indymedia
en Barcelona. En este contexto contamos con la intervención
del grupo RTMark, que aportaron sus experiencias de
apropiación táctica de estrategias corporativas, que
fueron una gran influencia en campañas locales posteriores,
como luego veremos.
- Y finalmente, y
también de modo transversal, estaba la cuestión relativa
a las políticas de acción directa. La discusión sobre
la acción directa y su relación con ciertas tradiciones
artísticas enraizadas en prácticas políticas estaba
evidentemente en el centro del proyecto. Como ha plantado
Ernesto Laclau, las formas políticas de auto-organización
y acción directa son una
reacción posmoderna a las limitaciones del as
formas tradicionales burguesas de representación política
y son un síntoma de la dislocación estructural del capitalismo.
Laclau habla de una “espacialización” de acontecimientos
como alternativa al paradigma de la temporalidad. La
dislocación abre un potencial para la democracia radical.
El objetivo del taller
era iniciar ciertos procesos de articulación de las
luchas políticas locales con métodos artísticos de cara
a mantener una continuidad. Por ejemplo, el taller fue
el origen de la red Indymedia tanto en Barcelona como,
a partir de ahí,
en otras ciudades del Estado español.
El taller consiguió articular un amplio espectro
de movimientos sociales en Barcelona en un momento muy
singular dentro de las dinámicas políticas, en el sentido
que emergían algunas nuevas organizaciones después de
un largo periodo de relativo
estancamiento, como el MRG (Movimiento de Resistencia
Global) que fue muy activo entre 2001 y 2002 y hoy desintegrado.
El taller La
acción directa… fue el arranque de un proyecto más
ambicioso que se desarrolló inmediatamente a continuación
como su consecuencia lógica, Las Agencias, un proyecto
que tuvo lugar en la primera mitad de 2001.
Hemos estado manejando el concepto de agencia en el museo de manera recurrente
en estos últimos años.
Entendemos el concepto de agencia en dos sentidos.
Uno tiene que ver con la idea de otorgar poder y autonomía
a los públicos, de acuerdo con una idea de pluralidad
de formas productivas de apropiación del museo por parte
de tales públicos. El otro sentido es el de micro-institución,
un organismo de mediación entre el museo y los públicos.
La estructura de agencias intenta articular una organización
molecular del museo orientada a la multiplicación de
espacios públicos y de procesos de auto-formación por
parte de los diferentes colectivos que participan de
las agencias.
En ese momento definimos el proyecto Las Agencias
como “un elemento de intermediación entre una
narrativa y unas prácticas y sujetos públicos, esto
es, entre el museo y la ciudad” y como “un proyecto
activista que utiliza como métodos: a) la acción o la
actividad, vinculada a ciertos movimientos sociales,
que puede formalizarse en acontecimientos como la fiesta,
la programación de actividades o la acción directa,
con el objetivo de generar espacio público democrático,
de recuperar la esfera pública; b) los talleres y el
debate como medios de producir formas de resistencia
cultural y c) la dimensión de producción frente a la
de consumo.”
Para entender el impacto de Las Agencias es importante tener en cuenta
el contexto de Barcelona en los meses previos a la cumbre
del Banco Mundial, programada para junio de 2001 pero
que fue finalmente cancelada por el temor de los organizadores
de la posible violencia que se podía generar en la ciudad.
Era el momento después de Praga y Estocolmo, cuando
las protestas anti-globalización estaban alcanzando
su momento de máxima visibilidad e influencia, cuyo
punto álgido (y también de declive) fue Génova, también
en junio 2001. Génova supuso un momento de inflexión
en el ciclo de protestas iniciado en Seattle en 1999.
Aunque en ese momento no lo sabíamos. Entre otras
consecuencias, el 11 de septiembre de 2001 tuvo un impacto
en la presión política sobre el movimiento, mediante
una creciente criminalización policial y mediática,
que ha la larga ha afectado su dinámica. Ese momento
de 2001 ha sido posiblemente el de mayor dinamismo del
movimiento en Barcelona. A pesar de la suspensión de
la cumbre de Barcelona, la contracumbre organizada por
los movimientos siguió adelante y Las Agencias jugaron
un papel central en el proceso, en particular en lo
relativo a estrategias de visibilidad, que transformaron
los métodos tradicionales de los movimientos anti-capitalistas.
La situación hoy en 2004 es en muchos sentidos diferente
de aquel momento, pero eso es otra historia.
Las Agencias fue un taller permanente, por así decir, un experimento en
auto-educación y también una propuesta de un método
pedagógico basado en la asunción de que el aprendizaje
se deriva de las necesidades inmediatas y se produce
en un contexto de confrontación directa con los problemas
y luchas reales. El aprendizaje es el resultado de la
necesidad empírica de soluciones efectivas a los problemas
con que nos enfrentamos.
Había cinco agencias:
- Una agencia gráfica, que producía carteles y material impreso para la
contra-cumbre, como Dinero
Gratis y otros carteles contra el Banco Mundial,
mediante el uso de apropiaciones paródicas de las campañas
municipales oficiales.
- Una agencia fotográfica producía imágenes y un archivo para las diferentes
campañas, y una agencia de medios fué crucial en el
desarrollo de Indymedia Barcelona, así como del a revista
Està Tot Fatal,
que fue en intrumento de comunicación y opinión de la
contracumbre.
- Otra agencia diseñaba y producía instrumentos para intervenciones en
espacios públicos en situaciones de protesta. Desarrollaron
proyectos como Prêt
a revolter, una línea de moda para proporcionar
visibilidad y seguridad a los manifestantes en la calle.
O Art Mani,
una especie de escudos fotográficos para protección
contra las cargas policiales pensado para tener un efecto
de fotomontaje en
las páginas ilustradas de los periódicos al ser
fotografiado en la calle por los reporteros. Y también
el Show Bus, un autobús adaptado para usos derivados
de las situaciones de protesta en espacios públicos
y equipado con un sistema de sonido y pantallas
de proyección de video, que podía ser usado como espacio
móvil para exposiciones y que permitía una pluralidad
de utilizaciones en acciones públicas. Todos estos proyectos
fueron visibles y jugaron su papel durante los acontecimientos
de junio de 2001 en las calles de Barcelona.
- Finalmente, otra agencia se encargó de gestionar el bar del museo, que
se convirtió en un espacio relacional, un lugar para
comida y bebida, pero también un espacio social para
actos con diferentes grupos y colectivos, con un programa
de video y acceso gratis a Internet.
Además de estos proyectos, en el contexto de Las Agencias tuvimos varios
talleres con artistas invitados como Marc Pataut, de
Ne Pas Plier, Krzysztof Wodiczko y Allna Sekula. Los
talleres se articularon con las necesidades de los grupos
implicados en producción de imágenes e instrumentos.
Las Agencias ocurrió en el museo a la vez que dos exposiciones, Antagonismos.
Casos de estudio y Procesos
Documentales. Imagen testimonial, subalternidad y esfera
pública. Antagonismos
fue una gran exposición de museo,
que presentaba
una serie de casos de estudio de momentos en
los cuales ha habido una confluencia de prácticas artísticas
y actividad política en la segunda mitad del siglo XX.
Por ejemplo, partes de la exposición incluía una relectura
política del minimalismo según la perspectiva materialista
radical de Carl Andre, o una selección de la multiplicidad
de trabajo gráfico producido en el contexto de las protestas
en torno al Sida en los ochenta; o el trabajo más reciente
de Andrea Fraser, Services,
que plantea la transformación del estatuto productivo
de los artistas en el contexto de la “bienalización”
de la esfera artística, solo por mencionar algunos ejemplos.
El tercer elemento de esta constelación era la exposición de grupo de menor
escala Procesos
Documentales. Fue un intento de organizar una exposición
como forma de acción directa y por tanto como un instrumento
para la contracumbre y las necesidades de los grupos
anti-capitalistas, en el sentido de proporcionar imágenes
para articular una crítica a las políticas neoliberales
y para contribuir a un imaginario crítico frente a las
imágenes consensuales promovidas institucionalmente
y cuyo efecto es la invisibilización o neutralización
de conflictos. La exposición era una reflexión sobre
el documental como género artístico que se ha construido
históricamente como un género político, generador de
opinión y debate (y por tanto con un potencial para
el cambio político real), centrado en la representación
de las clases subalternas y la denuncia de la precariedad
de sus condiciones de vida. A la vez intentaba situar
este debate histórico en el contexto contemporáneo del
estatuto de la representación fotográfica y audiovisual
en la era digital. La hipótesis de la exposición era
que para mantener un efecto político real, el documental
tenía que hacer más complejos sus procesos de mediación
y que para ello el método y la teorización sobre el
testimonio podía ser fundamental. La exposición proporcionaba
imágenes que representaban los efectos de las políticas
de privatización
y el declive de los servicios públicos en el
capitalismo neoliberal a través de los trabajos de Allan
Sekula, Ursula Biemann, Harun Farocki, Marcelo Expósito,
Patrick Faigenbaum - Joan Roca, Marc Pataut, Frederic
Wiseman, Roy Arden y Andrea Robbins - Max Becher.
¿Cuales fueron los efectos de estos proyectos?
Evidentemente, generaron una cierta percepción del museo como espacio de
debate y crítica. El museo se convirtió en un espacio
relativamente reconocible como antagonista para los
grupos anti-capitalistas. En este sentido, es significativo que al año siguiente los
movimientos organizaron un circo contra el capital en
la plaza frente al museo, en el contexto de la campaña
contra la cumbre de la Comunidad Europea, en marzo de
2002, sin que el museo tuviera nada que ver con esa
campaña.
También hubo otros efectos a otros niveles. Indymedia Barcelona se convirtió
en una estructura permanente que contribuyó a una transformación
de los discursos y métodos comunicativos de los movimientos
sociales. También hubo un antes y un después de 2001
en las campañas
gráficas de los movimientos sociales en la ciudad.
Desde entonces han aparecido otras formas de comunicación
y diseño gráfico en las redes de los movimientos, que
continúan su desarrollo.
Pero el trabajo no se limita a estos proyectos y este momento. Hay además
otros proyectos significativos con los que hemos intentado
contribuir a una transformación de los usos del espacio
expositivo. En 2001 presentamos una exposición sobre
el trabajo del cineasta Pere Portabella, que consistió
en la articulación de varios elementos y espacios discursivos
diferentes en una suerte de espacio híbrido que combinaba
un cine, un archivo, un salón y un espacio para el debate
público. La exposición incluía varios programas y una
serie de charlas, a las que eran invitados varios expertos
para ofrecer contra-narrativas a la exposición de cara
a relativizar y plantear un cierto grado de transparencia
en la estructura epistemológica y organizativa
de la exposición y los métodos de trabajo museístico.
Este proyecto intentaba reinscribir conceptos de relacionalidad
y valor de uso, tal como han sido desarrollados por
las prácticas de crítica institucional, en el espacio
expositivo. Pero no se trataba de musealizar esos métodos
sino de continuarlos y profundizarlos.
Esta experiencia nos ha llevado aun programa de lo que llamamos espacios
relacionales. En varios programas audiovisuales de los
últimos años hemos presentado los contenidos en dos
formatos, como proyecciones públicas y como servicio
de video a la carta de acceso libre. Estos espacios
de libre acceso combinan el entretenimiento, la información
y la sociabilidad. El primero de estos programas fue
Buen Rollo. Políticas
de resistencia y culturas musicales, en 2002, que
estaba precisamente construido como un análisis de las
subculturas musicales entendidas como generadoras de
esferas públicas subalternas. Las subculturas musicales
eran entendidas como casos de estudio sobre el potencial
(y a la vez las ambigüedades y contradicciones) de las
industrias culturales en lo referente a su doble valor
de resistencia y de interés comercial. La idea de las redes musicales como modelos de esferas públicas alternativas
(o plebeyas) y
de las formas de organización y circulación de los discursos
y productos culturales fue también el punto de partida
del programa Tan
diferentes, tan atractivos. Vida urbana y cultura popular
en el capitalismo de la abundancia, al año siguiente.
Aquí había también un vínculo con la exposición retrospectiva
de Richard Hamilton, que se presentaba en ese momento
en el museo. Estos
proyectos eran una respuesta a la necesidad de rescatar
la relacionalidad del monopolio de la retórica y los
simulacros participativos del Palais de Tokio y exposiciones
como Utopia Station,
en la Bienal de Venecia de 2003, que representan
una falsa politización y un simulacro de una verdadera
articulación de procesos artísticos y sociales. Entendemos
que, históricamente, las experiencias a favor de una
tal articulación se han originado en intentos de construir
formas alternativas de sociabilidad, enraizadas en las
experiencias de transformación política radical. Es
por ello por lo que nuestros
modelos son de la revolución rusa o los sesenta.
Relacionalidad implica una reconsideración de la relación
jerárquica entre alta y baja cultura, pero no a costa
de la museificación de la cultura popular sino como
una recomposición de las desigualdades implícitas en
el antagonismo entre ambas.
En este momento continuamos nuestra investigación a través de diferentes
proyectos.
Por ejemplo, estamos trabajando en el proyecto Desacuerdos. Sobre arte, políticas y esfera pública en el Estado español,
un proyecto en red (en colaboración con Arteleku y UNIA
Arte y Pensamiento) que intenta construir una contra-narrativa
y un marco contra-institucional del arte contemporáneo
en el Estado español que contrarreste el marco dominante,
establecido sobre una hegemonía de las estructuras del
mercado artístico a partir de los años 80 y cuyo paradigma
es ARCO. Intentamos demostrar que en la España de después
de Franco hubo una falsa transición que operó en lo
cultural como sustitución de una verdadera transformación
política del Estado, que nunca se produjo. El proyecto
implica una investigación, una serie de actos públicos
y una exposición programada para febrero de 2005.
Estamos también trabajando en la ciudad con grupos locales en un proceso
que empezó formalmente a principios de 2003 con una
serie de debates titulada De
las Glorias al Besòs. Cambio urbano y espacio público
en la metrópolis de Barcelona, organizada en el
contexto de la exposición de Antonio Muntadas
On Translation.
La serie de debates y taller fue un intento de presentar
un estado de la cuestión y un debate público sobre la
situación en Barcelona inmediatamente antes del Forum
2004. Este
gran evento supone un cambio de escala de la ciudad
y es la transformación urbana más importante desde los
Juegos Olímpicos de 1992.
Ese programa fue el inicio formal visible de proceso de colaboración con
grupos locales y movimientos vecinales de la zona Poblenou-Besòs,
particularmente el Forum Ribera Besòs, que es un espacio
de convergencia de múltiples movimientos sociales de
la zona. Este proyecto se desarrolla actualmente bajo
el título ¿Cómo
queremos ser gobernados?, con la participación del
comisario Roger Buergel. El proyecto consiste en una
exposición entre septiembre y noviembre de este año
en la zona Poblenou-Besòs que intenta ser un modelo
alternativo de museo y a la vez de recomposición de
historias locales olvidadas o aplastadas por los relatos
hegemónicos sobre la historia de la ciudad. En este
sentido estamos trabajando con los colectivos locales
del Forum Ribera Besòs a modo de “patronato desde abajo”,
es decir reproduciendo la estructura organizativa propia
del museo pero redirigiéndola hacia la participación
de los sectores de la sociedad civil que son activos
políticamente pero sin constituir
la elite político-económica que suele formar
los patronatos de los
museos (y que hace de ellos instrumentos para
los grandes intereses político-financieros de los poderes
que rigen en la ciudad). El proceso de trabajo implica
reuniones y discusiones con el comisario y los colectivos
locales de cara a la configuración de la exposición
y en particular aquellos proyectos que plantean anclajes
locales y por tanto relecturas críticas sobre los relatos
y los imaginarios urbanos dominantes. Estos proyectos
que “anclan” la exposición intentan dar visibilidad
a luchas históricas, como las de la memoria industrial
y el patrimonio urbanístico, los servicios y equipamientos
públicos, el trabajo precario, y la reconstrucción de
utopías políticas locales modernas vinculadas a la actividad
política de los diversos movimientos sociales y sindicales
históricos, entre otras.
Esta recuperación de la memoria no visible de
la ciudad parece necesaria frente al potencial impacto
homogenizador del Forum 2004 y sus consecuencias en
términos urbanísticos y de cambio de escala metropolitana.
Parte del proceso de este proyecto ya fue visible el
pasado noviembre con el seminario La
construcción del público. Actividad artística y nuevo
protagonismo social.
Estamos también continuando la investigación sobre el concepto de agencia,
al que me he referido antes y que es central en nuestra
reconsideración del trabajo de mediación en el museo. En este momento en el museo se han consolidado varias agencias
que surgen del trabajo de los últimos años a través
de los diferentes programas. La actividad de estas agencias
marca la actividad del museo en su continuidad a lo
largo de varias líneas discursivas principales.
La agencia crítica surge de las sucesivas ediciones del taller de escritura
y estudios críticos y contribuye a la producción de
discursos y su circulación. La sexagencia
constituye un espacio de experimentación sobre la representación
de las minorías de género. Otra de las agencias investiga
la intersección de procesos artísticos y procesos terapéuticos.
Otras se orientan a la reflexión sobre la ciudad, sobre
las nuevas formas de acción política, sobre los nuevos
paradigmas epistemológicos de la cultura visual y sobre
la búsqueda de una renovación de los discursos de pedagogía
artística crítica.
Estas varias agencias están en transformación permanente y ponen
en práctica
un concepto de “múltiples minorías” frente a una idea
abstracta y universal del público, propia de los museos
de arte moderno. Producen una multiplicidad discursiva
heterogénea pero a la vez interconectada.
Este es un breve informe de lo que intentamos hacer en el MACBA en estos
últimos años. En la mayoría de estos proyectos hay una
gran complejidad en la manera de comunicarlos, representarlos
o hacerlos visibles precisamente porque están concebidos
para cuestionar los marcos dominantes de visibilidad
pública y representación y sus posibles efectos paralizantes.
Creemos que justamente ciertos procesos necesitan invisibilidad
para ser efectivos y permanecer como procesos y no como
su cosificación y posible neutralización. El arte como
institución pública está sobre determinado por un régimen
de visibilidad que puede tener efectos negativos de
cara a la apropiación subjetiva de métodos creativos
y experimentos artísticos. La visibilidad puede debilitar
la vitalidad y puede forzar la institucionalización,
fosilizando de manera narcisista el potencial de la
creatividad. Más allá del régimen de visibilidad, cuyo
paradigma es la exposición, creemos
que es posible restaurar formas de apropiación
subjetiva de métodos artísticos en procesos en los márgenes
y fuera del museo. Esta es una investigación que se
sitúa y se desarrolla en la periferia de lo artístico
y se mantiene en una tensión permanente entre aquello
que tradicionalmente entendemos como autonomía artística
y aquello que forma parte de las diversas prácticas
sociales o de la vida cotidiana.
Lo que se puede ver aquí es un proyecto y un proceso. Nuestro propósito
es forzar los límites y contradicciones del marco institucional.
Un museo no es más que lo que se hace con él, las formas
en que la gente se apropia de él. Esta es nuestra contribución
a una redefinición radicalmente política de la relacionalidad
artística.
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